Proyecto para elaborar la historia de las ideas relacionadas con los Andaquíes y sus herederos de la región del macizo colombiano y del pueblo de Acevedo Huila.

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ESPACIO INDEPENDIENTE PARA DIVULGACIÓN CULTURAL
(SIN ANIMO DE LUCRO)
AUTOR / EDITOR: Edgar Mora Cuéllar - ONUDEVECA=ACEVEDUNO

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lunes, 23 de marzo de 2015

Nosotros somos El Río (por William Ospina)


Intervención del escritor William Ospina en el inicio de la Movilización por la Defensa del Río Magdalena, los Territorios y la Vida.

San Agustín, Huila. 14 de marzo de 2015

Alguien le preguntó a San Agustín qué es el Tiempo. Y aquel hombre sabio contestó: “si no me lo preguntan lo sé, pero si me lo preguntan no lo sé”.

Creo que con el agua pasa algo semejante. Todos creemos saber desde niños qué es el agua, pero cuando llega la hora de dar una definición, sólo podemos decir una parte de lo que sabemos. Alguien dirá que es el líquido que calma nuestra sed, o que es ese elemento transparente que nos baña y nos refresca. Otro contará de qué manera regar con agua la tierra hace crecer las plantas. Un sediento en el desierto dirá con certeza que el agua es la diferencia entre la vida y la muerte. Un sacerdote católico nos recordará que es la diferencia entre pertenecer o no al reino de Dios. Un químico nos explicará que es una sustancia hecha con dos partes de hidrógeno y una parte de oxígeno, y resumirá su definición con la conocida fórmula de H2O. Todas esas cosas son verdad, pero ninguna de ellas agota lo que es el agua para la humanidad.

Alimento y medicina, sustancia química y elemento místico, recurso industrial y servicio público, el agua es la más elemental y la más compleja de las sustancias de este mundo, está en la nube y en la lágrima, y es sobre todo la razón por la cual hay vida en la tierra. Por ella nació la vida y por ella la vida se conserva. Y, por supuesto, también por ella puede perderse la vida, como lo supieron hace treinta años los habitantes de Armero, sorprendidos en la noche por una avalancha que produjeron las aguas del deshielo de la montaña.

Es necesario comenzar con una sencilla meditación sobre el agua, porque aquí todo depende de la mirada que arrojemos sobre las cosas. Alguien puede decir que el agua es sólo un líquido, y habría que responderle que el agua está en las nubes que vuelan sobre nuestras cabezas, en el aguacero que se desprende de ellas, en la siempre activa vegetación de los páramos, en la niebla que respiran los bosques, en la savia que asciende por los troncos de los árboles, en la música de los arroyos, en el bullicio de las cascadas, en los peces que avanzan por la corriente y en el cuerpo de los pescadores que los atrapan.

No hay agua sin mares que se evaporen sin bosques que enfundan niebla, sin páramos que condensen la humedad, sin humedales que filtren, sin ciénagas que oxigenen. El agua no es un líquido, no es sólo un elemento, el agua es un sistema, y Colombia es el mejor ejemplo que se puede mostrar de cómo un territorio puede estar configurado como una inmensa fábrica de agua. Pero Colombia también es el mejor ejemplo de cómo un país puede ignorar su realidad más profunda, y dormir sobre un tesoro como el dragón del cuento, sin aprender a qué se debe ese tesoro, sin saber cómo protegerlo.

Lo más alarmante es que el sol sabe cómo sacar el vapor de los mares, el páramo sabe cómo condensar la humedad en gotas de agua, los bosques saben cómo producir niebla, las selvas saben cómo producir vapor de agua, las gotas saben cómo hacer arroyos, los arroyos saben cómo juntarse en ríos, el agua sabe cómo circular, cómo subir al cielo en vapor y bajar del cielo en lluvia, y deslizarse en forma de río y amontonarse en forma de océano, pero la que según es fama es la única criatura inteligente del mundo, es el ser humano, no sabe cómo proteger el agua que le da la vida, ni cómo agradecer por ese tesoro invaluable.

Somos capaces de ser consumidores de agua, estudiosos del agua, administradores del agua, vendedores de agua, pero no sabemos ser protectores de agua, y sobre todo no sabemos pensarnos como parte del agua. La vemos como algo ajeno a nosotros, aunque resulta que el 95 por ciento de nuestro cuerpo, según los sabios, está compuesto de agua.

El joven poeta Novalis decía que el aíre es nuestro sistema respiratorio exterior. Mar, Río, Laguna, Gota de Lluvia, también podemos decir que el agua es nuestro sistema circulatorio exterior: Somos parte inconsciente del ciclo del agua. Pero tenemos que convertirnos en parte consciente de este ciclo, porque los peligros del agua en nuestro tiempo, los males que la amenazan, se deben todos a la especie humana.

Parte muy importante de la solución de los problemas contemporáneos consistiría en que todos sepamos que somos el agua, que proteger el agua es protegernos, que salvar el agua es salvarnos. Los seres humanos solo podemos vivir en la cultura, ya no somos criaturas de la naturaleza, aunque estamos siempre en relación con ella. Y depende de la mirada que nuestra cultura arroja sobre el mundo, el trato que le damos a todas las cosas.

Durante mucho tiempo la cultura supo que el agua es el origen, como lo afirmaba en Grecia hace 25 siglos Tales de Mileto. Que el agua es más preciosa que el oro, como lo cantaba en ese mismo tiempo el poeta Píndaro. Que el agua es condición de toda vida, que si no hay vida en Marte es por su ausencia, y que si este planeta azul es una fiesta multicolor de todas las manifestaciones de la vida es porque aquí se cruzaron a la temperatura adecuada el agua y la luz.

Pero el mayor peligro para la especie humana es vivir en una cultura que olvide la abundancia de los significados del agua, y que termine pensando que el agua es solamente un servicio público, o solamente una fuente de energía. Corremos el riesgo de cortar los bosques pensando que el agua es solamente la corriente del río; de arrasar los páramos pensando que el agua es solamente una fuente de energía eléctrica. Podemos acabar con los humedales, secar las ciénagas, canalizar las quebradas, pensando que el agua es apenas esa corriente cuya fuerza alimenta las turbinas.

Y lo que pasa con el agua pasa con los ríos. También hay quien termina pensando que un río es apenas un caudal de agua que fluye entre las piedras y que puede ser más productivo si se lo canaliza, si se lo domina, si se lo somete a la industria humana.

Pero la civilización siempre supo ver en los ríos esa complejidad que ahora muchos pierden de vista.

Porque un río no es sólo una corriente de agua, un río, todo río, es un río de vida. Es el agua, los páramos donde nace, los bosques que lo alimentan, la vida que lo puebla, los peces que lo recorren, y por supuesto los seres humanos a que se sirven de él, los campos que lo rodean, los afluentes que en él desembocan, las nubes que descargan sus lluvias, y el mar en que finalmente se precipita.

Todas las civilizaciones dialogaron siempre con los ríos. Mesopotamia se llamaba una región cuya principal riqueza fue siempre ser, como lo indica su nombre, un valle muy fértil entre dos ríos, y allí nacieron algunos de los elementos más poderosos de la cultura tal como hoy la conocemos: el cultivo de los cereales, la domesticación de ciertos animales, el arte de la escritura, el culto de los dioses, la ciencia antigua de contar historias y el arte provechoso de mirar las estrellas.

Más dramático fue el caso de Egipto, un país que le debió siempre a un río su existencia. Si no fuera por el Nilo, por la carga de lodos vegetales que trae desde los altos lagos de África, la civilización egipcia no habría existido. Hace unos meses tuve la suerte de volar sobre el desierto africano, y ver allá abajo esa cosa increíble, una franja verde de vegetación y de ciudades en medio de un blanco y desolado mundo de arena.

Los egipcios comprendieron mejor que muchos, porque saltaba a la vista, que el río es un milagro, que esas aguas llenas de un légamo vegetal fertilizaban las arenas muertas y convertían una ancha franja de las orillas en un valle fértil, donde las palmeras producen dátiles de extrema dulzura, donde nunca llegaron las vacas flacas de la pobreza sin que las precedieran las vacas gordas de la extrema fertilidad.

Y sin embargo los egipcios aprendieron que el río podría ser alterado, siempre y cuando fuera para beneficio de las poblaciones ribereñas. La capacidad del ser humano de alterar el mundo puede ser muy valiosa si se inscribe en altos propósitos. Egipto necesitaba una represa, porque el régimen de las crecientes del río obedecía a ciclos incontrolables, y solo cada tanto tiempo el río venía a fertilizar la tierra. Alguien se dijo que desde hace mucho tiempo; “el río es el corazón de este reino, pero ese corazón necesita un cerebro. Aquí está la fuerza de la fertilidad, pero la cultura podría aportar un ritmo distinto en el manejo de las cosechas, sin alterar más de lo aconsejable la naturaleza del río.

Y un día los egipcios hicieron la represa de Asuán, conquistaron la tremenda capacidad de regular el ritmo de las crecientes, de lograr que el río pudiera fertilizar la tierra de todo el año. Era una modificación de la naturaleza, pero estaba guiada por la intención generosa de mejorar la vida de millones de campesinos de las riberas.

El Nilo es tal vez el río más largo del mundo, la represa se hizo justo en la mitad del río, donde comienza Egipto, y por ello afectaba sólo a ese país. Ahora Sudán se propone hacer otras represas en la parte más alta del río, y esto afectará seriamente el caudal que Egipto recibe, por lo cual tendrán que pasar por largas negociaciones para armonizar los intereses de Sudán en la parte alta del río, muy extensa por cierto, con los intereses de Egipto en la parte baja.

Yo no creo que haya que ser enemigos por principio de las modificaciones que la cultura puede obrar sobre la naturaleza. Pero la humanidad tiene que ser consciente de que su labor altera, a veces de una maneta irreparable, el orden natural, y por ello tiene que ponderar la magnitud de su influencia, calculando los riesgos, para no obrar alteraciones destructivas.

Recuerdo que Estanislao Zuleta me dijo alguna vez: “no hay que exagerar el culto de lo natural contra lo artificial. La viruela es muy natural, y la vacuna es muy artificial, pero yo prefiero la vacuna a la viruela”. Los pueblos indígenas de la Mojana, en la región del Sinú, allá donde el Magdalena se une con el Cauca para rodar hacia el Caribe, construyeron hace muchísimo tiempo una asombrosa red de canales para regular el ritmo de las inundaciones en esa región donde convergen las aguas de los ríos y donde hay un país de ciénagas.

Todas las aguas que viajan hacia el norte convergen allí, con sus limos fértiles, e hicieron de esa región un extenso templo de la vida vegetal y animal. Y los zenúes, hace siglos, ya sabían que si es para bien, se pueden obrar modificaciones en la naturaleza. Es más, no sólo tuvieron el conocimiento de ingeniería hidráulica necesario para regular con sus canales el ritmo de las inundaciones en esa región que recibe buena parte del agua de nuestras cuencas, sino que hicieron al mismo tiempo una obra de arte de seiscientas cincuenta mil hectáreas, que todavía se puede ver cuando se sobrevuela la región, ahora víctima de las inundaciones porque ya no está la sabiduría de los zenúes sino la avidez de las ganaderías que arrasan los bosques para construir una absurda economía casi improductiva.

Con la llegada de nuestra época, con el crecimiento de las ciudades, con el peso de la contaminación de desechos humanos e industriales, con el auge de los agroquímicos y la deforestación de las orillas, ya no convergieron en la Mojana solamente las aguas sino los desechos de buena parte del país. Y la Mojana va dejando de ser aceleradamente el templo de la vida para convertirse en una región de desastre.

Popayán, Cali, las ciudades de la zona cafetera, y Medellín, que tributan sus desechos al río Cauca, no advierten como están aportando sus miasmas para degradar esa región que recibe las aguas; como tampoco advierten Neiva, Ibagué, Barrancabermeja, Bucaramanga y sobretodo Bogotá, que tributan sus desechos al río Magdalena, cómo contribuyen minuto a minuto de un modo terrible al deterioro del río y al envenenamiento de las ciénagas, que no son pantanos incómodos, como piensan muchos, sino purificadoras del agua y enormes proveedoras de oxígeno.

Todos los ribereños del mundo, los del Yangtzé y los del Ganges, los del Tigris y los del Éufrates, los del Nilo y los del Níger, los del Rhin y los del Danubio, los del Volga y los del Mississippi, los del Orinoco y los del Paraná, supieron siempre que los ríos no son apenas agua sino vida, y supieron honrar a sus ríos, dialogar con sus ríos. Hay que ver lo que fue ese momento histórico en que se unieron en un solo reino el alto y el bajo Egipto, el reino del papiro y el reino del loto, hay que ver todas las estelas de piedra, todos los relatos, todas las músicas y todos los poemas que nacieron de esa alianza.

Yo no sé con qué fin habrán hecho los antiguos habitantes de estas tierras esas poderosas esculturas de piedra que asombran al mundo, esos jaguares humanos, esos cóndores que se mezclan con hombres y con serpientes, pero yo sólo puedo verlas como los guardianes del nacimiento del río. No me parece una casualidad que el arte escultórico más antiguo de nuestra tierra se haya dado precisamente aquí donde nace el gran río que recorre y fertiliza todo el territorio.

Uno diría que Barranquilla está muy lejos de San Agustín, y sin embargo hay algo tremendo que las une, este majestuoso cauce de agua al que todos pertenecemos porque es uno de los grandes caminos de América. Yo nací en los páramos de los Andes, en un pueblo perdido en la niebla, y sin embargo me siento parte del río, sé que esas aguas que bebieron siempre mis abuelos, las aguas del Gualí y del Guarinó, son parte del río Magdalena, y que esas aguas nos hermanan, nos hacen pertenecer al mismo mundo, como este macizo colombiano nos hace hermanos de los que viven junto al Patía, junto al Caquetá y junto al Cauca, nos hace hermanos de los que orillan el inmenso Amazonas.

La organización de los territorios, eso que llaman con palabras un poco resecas el ordenamiento territorial, debería hacerse sobre todo a partir de los dibujos de la naturaleza. Toda la cuenca del Magdalena debería formar una sola gran región; los gobernantes deberían administrar y planificar pensando en las fuerzas profundas de la naturaleza y en los grandes trazos de la geografía. Porque de ellas depende la economía y no al revés.

El territorio colombiano está descuartizado por un ordenamiento territorial que no tiene en cuenta las fuerzas profundas de la vida ni las necesidades profundas del territorio y de su gente. Por eso los bogotanos no saben hacia donde van esas aguas después de que ellos las utilizan; por eso los habitantes de Ambalema no saben qué es lo que trae tan sucias las aguas del Magdalena; por eso los pescadores de Honda no saben por qué se acabó la subienda. Los habitantes de Caucasia o de Majagual no saben qué le deben a los de Popayán, de Cali o de Manizales.

La naturaleza dialoga continuamente con la historia. Pocos saben que Honda llegó a ser una ciudad tan importante en la colonia a causa de una piedra, de una gigantesca piedra que prácticamente corta en dos el curso del río Magdalena, que nunca permitió la navegación fluida de barcos grandes a lo largo del río e hizo que los bergantines de los conquistadores no pudieran llegar más allá de Honda hacia el sur.

Pocos saben que esa piedra hizo que fuera Honda el puerto alimentador de Santafé de Bogotá y el punto de contacto de la capital con la metrópoli española. Pocos saben que medio siglo después de la Independencia, fue también ésta la causa de que fuera Honda el centro donde se embarcaba hacia el exterior la cosecha cafetera.

Pocos saben también que fue la navegación por el río lo que acabó con la navegación por el río: que fueron las calderas de los vapores del Magdalena las que consumieron la madera de todos los bosques de las orillas. La tala de los árboles hizo que las raíces soltaran los sedimentos, y el lecho del río subió tanto que hizo imposible la navegación. Al mismo tiempo los pesticidas, los fertilizantes, los residuos industriales y orgánicos de las ciudades, y el cianuro y el mercurio de la minería, fueron envileciendo el río de tal modo que los peces escasearon cada vez más.

Ahora quieren darle al río el golpe de gracia. El lugar de intentar recuperarlo, devolverle la vida y salvarlo, como hacen las naciones europeas con sus ríos, no sólo permitimos que vaya muriendo gradualmente sino que intensificamos la presión hostil sobre él. Y es allí donde aparecen las hidroeléctricas como el golpe fatal sobre el lomo de un río moribundo.

Toda gran represa afecta seriamente la vida de un rio, porque interrumpe el flujo de la vida en su corriente. Un día los peces, cuya vida consiste en recorrer el río, como lo demostraba ese prodigio de fecundidad que era la subienda, encuentran que ya no es posible remontar las aguas o descender por ellas. El río se ve dividido en compartimientos. Ya uno es grave. Dos, son ciertamente un atentado contra la vida del río. Pero todo un sistema de hidroeléctricas como el que nuestros gobiernos están permitiendo que se formen en el cauce del río son una verdadera profanación contra un rio que en Colombia, que es una fábrica de agua, un pulmón del planeta y el centro de una abigarrada biodiversidad, es fundamental para todos los ciclos de la vida.

¿A qué se debe que los grandes poderes permitan que se obre esta gigantesca profanación? A una combinación terrible de ignorancia con arbitrariedad. Así como el territorio no fue ordenando siguiendo pautas naturales ni culturales sino políticas y burocráticas, de modo que unos funcionarios totalmente desconocedores del territorio y de sus dinámicas, ignorantes de las necesidades de la gente que vive en cada región, disponen a su antojo la administración del país, así mismo gentes que no tienen conocimiento de la complejidad de la vida del río, y de la necesidad de preservar sus ciclos y de proteger sus entornos, la urgencia de salvar el gran laboratorio del agua equinoccial, creen que pueden cuadricular el río, que pueden convertirlo en una red de tuberías en la parte alta, un canal de esclusas y de presas en la parte media, y una autopista en el tramo final.

Piensan que el río está sólo para servir a ciertas necesidades, casi siempre ilusorias, de sus planes de desarrollo. Un desarrollo pensado al margen de la vida de los territorios, un desarrollo diseñado en función de la economía de otras sociedades, un desarrollo delirado a partir de unas prioridades empresariales, un desarrollo para el que la naturaleza no existe sino como bodega de recursos y variable financiera, un desarrollo para el que el planeta es concebido como una gran factoría y los seres humanos apenas como un obstáculo que hay que superar.

No podemos permitir que triunfe sobre la historia una cultura del lucro para la que los seres humanos son un estorbo y la naturaleza es una cosa inerte que se puede mover de un lado a otro sin consideración. Porque este diseño no está trazado, como el de la represa de Asuán, para favorecer la vida de una nación, sino para convertir el río, lo más sagrado que tenemos, en una fábrica de electricidad, y ni siquiera para el consumo de la propia gente sino para los intercambios del mercado mundial.

No les importa que haya que sacrificar el gran laboratorio del agua, no les importa que haya que sacrificar el nicho vital de los seres humanos, y es a eso a lo que se atreven a llamar pomposamente el desarrollo. Tal vez será por eso que después de varias décadas de ese modelo de desarrollo ya no quedan peces, ni pescadores, ni campesinos, ni agricultura. Y asombrosamente los que fueron desterrados a las ciudades tampoco tienen empleo, ni seguridad, ni acceso a la educación ni a la cultura. ¿Qué desarrollo es ese? Más bien qué irrealidad, qué impaciente y activa locura.

Por eso he querido sumarme a este clamor. Queremos una economía que tenga en cuenta a la gente. Queremos una economía que respete el río, que respete las fuentes profundas de la vida. Los peces le dieron vida a generaciones enteras de seres humanos: el río contaminado no le da vida a nadie. Los bosques le dieron oxígeno a generaciones enteras de seres humanos: las riberas devastadas no le dan vida a nadie.

Claro que queremos progreso, lo que no queremos es que se llame progreso a la devastación, a la muerte, sólo porque es rentable para unos cuantos. Obtengamos la energía del viento y del sol, que son fuentes inagotables, no obtengamos la energía matando la vida, destrozando la naturaleza y envenenando los manantiales.

Y que lo que se haga con el río lo decidan los que viven junto al río, los que defienden el río, los que aman el río. Por eso lo más importante es que dejemos de ser observadores de lo que hacen con nuestro país los que se creen dueños de todo. El río es la vida del territorio. Los ríos son las fuentes profundas de la cultura. Proteger el río es proteger la verdadera civilización. Proteger la naturaleza es pensar en ese otro río, el río de las generaciones, a las que está desamparando una cultura de la impaciencia, de la avidez y del saqueo. No hay que arrancarle todo a la tierra ya. Hay que vivir con deleite el presente pero hay que dejarle un futuro a la tierra. Nosotros no sólo somos los defensores del río: nosotros somos el río.

jueves, 24 de abril de 2014

Los indios y la Historia (Por Juan Friede)

Los indios y la Historia - Por Juan Friede
(Para LECTURAS DOMINICALES) - EL TIEMPO
(Domingo 4 de Octubre de 1959)

San Agustín:
Una estatuaria y un rompecabezas para los arqueólogos

(Foto: Guillermo Angulo)
La idea de que la historia de América comenzó en 1492, es decir, en el año de su descubrimiento, es un concepto arraigado en la opinión pública, contra el que luchan, sólo con éxito parcial, muchos historiadores modernos. El gran público se niega todavía a considerar la ocupación del Continente Americano por los europeos como una etapa, apenas, de la milenaria trayectoria de los pueblos aborígenes. Lo sucedido anteriormente es para él de interés secundario: América era un desierto, cultural y económicamente, sin valor alguno para la general historia de la humanidad. Y aunque tuviese algunos valores, se sostiene, éstos han desaparecido en la ráfaga de la conquista, que produjo la discontinuidad, Interrumpió la evolución e hizo añicos lo que había anteriormente. Los elementos terrígenos precolombinos no influyeron en el desarrollo de la América postcolombina.

Tales hechos, dicen, además, no merecen nuestras lamentaciones. Es el Viejo Mundo Quien engendró los valores que por antonomasia representan; la cultura y la civilización. Sin el descubrimiento, el Continente Verde hubiera seguido al margen de la historia universal.

Este concepto, superado ya por fortuna en algunos países del continente, subsiste aún en gran parte y sigue ejerciendo una influencia nociva sobre todas las disciplinas que se ocupan del hombre americano. Produce el desprecio por el indio precolombino, a quien se señala con las palabras "bárbaro", "salvaje", "primitivo", digno, apenas, de ser estudiado como una pieza de museo; y también por el indio actual, a quien se niega su capacidad de constituirse en un miembro activo de la vida nacional.

Guiados por estos conceptos, los gobiernos tratan al indio como elemento de segundo orden, ciudadano de segunda clase, confiando que desaparezca por sí solo en el proceso de asimilación con los elementos culturales "superiores" con que está rodeado. Se considera a las comunidades indígenas como instituciones anticuadas, anacronismos que se conservaron por inercia o por la gracia de Dios, y no se estudia su extraordinaria vitalidad, que demostraron por el solo hecho de subsistir, a pesar de la lucha de exterminio que se llevó a cabo contra ellos durante más de cuatro siglos. Al indio de las selvas, indio "salvaje", se trata con indiferencia, observando desapaciblemente cómo se debate desesperadamente contra los colonos, elemento para él foráneo, que baja de los Andes para ocupar las llanuras.

El mismo criterio convierte las ciencias antropológicas en ciencias estáticas, verdaderas ciencias de recolección. Con autosuficiencia, más o menos pronunciada, se recogen ritos, costumbres y creencias, se coleccionan objetos raros y curiosos, "exóticos", contentándose con su mensura y descripción y despreocupándose del "fenómeno", del hombre americano precolombino, considerándolo —aunque a veces sin quererlo admitir— como hombre "precultural".

La nociva influencia del desprecio por el indio se observa, ante todo, en la ciencia histórica. La conquista se presenta como un hecho producido en el vacío, una gloriosa aunque a veces trágica lucha con la fiera naturaleza americana, mientras que el indio desaparece del escenario histórico, después de cortas e insignificantes escaramuzas con el invasor. Se trata a los conquistadores como héroes, superhombres, que deambulan por el vasto continente luchando contra la enmarañada selva, el hambre y el mortífero clima tropical. Si durante las épocas colonial y republicana aparece el indio, rebelándose y luchando; su lucha es la de un moribundo, sin esperanza de éxito, condenado de antemano al fracaso. Se nos presenta la historia como la de los "blancos"; el indio cobrizo no aparece en ella sino ocasionalmente.

Sin embargo, es evidente que la Colombia actual es el resultado no sólo biológico sino también cultural y económico de la convivencia de las dos grandes porciones del pueblo, indios y blancos, que dura ya casi cinco siglos. Las vicisitudes de esta convivencia, es decir, la verdadera historia patria, no puede ser verídica mientras siga siendo unilateral. Si los historiadores antiguos, v. g., los cronistas coloniales, se despreocupaban de la historia indígena, ofreciéndonos sobre ella apenas indicios y tan sólo cuando lo exigía la exposición de la historia "blanca", nosotros, con el enorme material histórico que tenemos a nuestra disposición en los archivos coloniales, no podemos pasar por alto el importante papel que jugó el indio en la formación de la nacionalidad.

Sería largo y fuera del marco de un articulo como el presente, dar una idea, siquiera, de los extraordinarios datos que se conservaron en los archivos y que, al complementar nuestros conocimientos, permitirían escribir la verdadera historia del pueblo colombiano. El indio no Jugó en ella un papel pasivo como generalmente se cree. La trágica lucha de la madera contra el acero, de la piedra contra las balas, de las rodelas de cuero o de corteza de árboles contra las corazas, de frágiles canoas contra navíos armados, de tácticas militares superiores contra bandas primitivas de guerreros, presenta muchas vicisitudes, desconocidas por la historia oficial, que vale la pena de estudiar. La oposición constante de las tribus que habitaban las costas del Mar Caribe contra la invasión de sus tierras y la imposición de una cultura que no era la suya, la revolución de los quimbayas, los levantamientos de los pijaos, de los chibchas, de los páez, etc., son páginas de la historia colombiana que aún esperan su investigador. Desconocido es también en el aporte del elemento indio al buen éxito de las propias expediciones conquistadoras; los miles de guías e intérpretes que, de buen o mal grado, proporcionaron los indios al invasor; las largas caravanas de cargadores indígenas que acompañaban forzosamente la tropa, llevándoles sus armas y mantenimientos; las legiones indígenas "de choque", que los españoles enviaban hacia lugares peligrosos, para que, como "carne de cañón" —que eran flechas, piedras y dardos— allanasen el camino para las victoriosas tropas de los invasores.

Nada nos dice la historia del proceso de la desaparición de las tribus "salvajes", de sus causas y métodos de resistencia; ni de la encarnizada lucha por la existencia que sostenían las tribus andinas, sedentarias o semisedentarias, durante las épocas colonial y republicana.

Aún menos estudiada es su organización política y económica. No se investigó su intenso comercio con sal, marítima y minera, con mantas de algodón, oro en polvo, pescado seco, maíz, etc. No se estudiaron sus vías de comunicación que formaron la base para la posterior red de caminos. ¿Quién podría sospechar que las tribus de las orillas del Magdalena conocían una moneda convencional, en forma de pepas, que en sí no tenían valor alguno, salvo su rareza? O que los indios de la costa tuviesen una moneda que corría desde Santa Marta hasta la desembocadura del Orinoco, en forma de pequeñísimas conchas del tamaño de una cabeza de alfiler, ensartadas en collares, que los españoles tuvieron que comprar con su oro para poder negociar con los indios? Costaba un collar, largo de un palmo, 4 reales de plata a 28 maravedíes.

El concepto que tenemos de la historia americana como una historia "blanca", es un concepto erróneo. Más influyeron en la formación de la nacionalidad las relaciones, hostiles o amistosas, entre los dos grupos básicos de la población americana, indios y blancos, que los cambios de virreyes, presidentes, gobernadores y alcaldes. —


JUAN FRIEDE.
Bogotá, septiembre de 1959.
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martes, 22 de abril de 2014

El Arte de los Kofán (Por Juan Friede)

El Arte de los Kofán - Por Juan Friede

(Para LECTURAS DOMINICALES) - EL TIEMPO
(Domingo 22 de Noviembre de 1959)



http://pensamiento-andaqui.blogspot.com/El arte de un pueblo es una  de  las formas en que vierte su vida emotiva e intelectual. En este sentido pertenece a la antropología, pues constituye una parte de la cultura  espiritual, de la misma manera como los medios de producción son índice de la cultura material.

Un hombre educado en la civilización occidental, que durante su milenaria trayectoria consistió en dominar las fuerzas naturales, logra difícilmente captar los valores estéticos de un pueblo primitivo que no ha llegado, debido a los medios técnicos rudimentarios, a este estado de evolución, siendo, al , contrario, juguete de las fuerzas naturales y vasallo de ellas. Alrededor de sus relaciones con la naturaleza, gira toda su vida emotiva. Su arte es una comunión entre él y la naturaleza: la selva con sus animales, aves y árboles. No se enfrenta a ella, sino que se integra; una integración total que se desconoce en el arte occidental, salvo en rarísimas excepciones. Es, pues, imposible buscar en el arte primitivo reglas que correspondiesen a nuestro sentido estético.

Los Kofán, cuyo número no excede actualmente de 300 individuos, son restos de una tribu numerosa que, según documentos coloniales, se elevaba o fines del siglo XVI a 60.000 - 70.000 personas. Fue una tribu belicosa que durante más de un siglo y medio logró impedir la "colonización" de sus tierras por los blancos, que bajaban desde Quito a la selva amazónica. Diezmados en forma impresionante en esta guerra desigual, los Kofán huyeron más hacia el norte, hacia las cabeceras de los ríos San Miguel y Guamuez, afluentes del alto Putumayo, donde durante todo el siglo pezmanecierons resguardados de la influencia directa de colonizadores y misioneros.

A principios del presente siglo fueran redescubiertos por los misioneros capuchinos, y se les abrió nuevamente la puerta de la "civilización", con resultados parecidos o los que se habían logrado con su "conquista". Sin embargo, debido o las dificultades que ofrece la selva para llegar a sus sitios de morada, se conservan todavía en el estado primitivo, hablan su idioma, pintan sus caras, perforan los lóbulos de la nariz y orejas, etc... Poseen, pues, todas las características dé un pueblo que nosotros llamamos "salvaje", de acuerdo con el engreído concepto que tenemos   sobre nuestra civilización.

Debido a su estado semi-nómada y a la caza y pesca que les proporcionan el principal sustento, los kofán no desarrollaron el arte de la arquitectura, de la escultura y ni siquiera una alfarería artística. Su arte se limita al baile, a la música, a la poesía y al adorno de sus personas, en que demuestran el más refinado gusto decorativo.  Ya en la pintura de sus caras, con líneas, puntos y triángulos, se observa una sorprendente variedad, a pesar de tratarse, probablemente, de antiguas señales de y clanes. Cada Kofán, hombre o mujer, lleva consigo un botecito con achiote y un pequeño espejo, para pintar cuidadosamente su cara.   


http://pensamiento-andaqui.blogspot.com/
De gran valor artístico es su ornamentación personal. El uso de plumas de pajaros, especialmente de los vistosos guacamayos y loros, con las que adornan la cabeza, la frente, la espalda, la nariz y las orejas, los integra al mundo de las aves selváticas, a las cuales los indios atribuyen una personalidad propia. Estas plumas no se juntan indistintamente, sino que se las escoge con cuidado, según su color, forma y tamaño. Aparecen unas obras plúmeas que forman franjas cromáticas, de gran variedad y finura. La "corona", principal adorno de la cabeza, es un complicado aparato, en el cual,sobre un ancho aro, sacado de la corteza de un árbol, pintado de varios colores y decorado con dibujos geométricos de líneas, rombos y círculos, se fija otro, en forma de aureola, hecho de varias hileras de plumas sobrepuestas. De la base del aro descuelga un sinnúmero de trenzas de plumas, que cubren casi totalmente la espalda. La vinculación de éste su arte con la selva se acentúa más todavía por la costumbre de colgar en las puntas y en medio de los trenzas, picos de aves, penachos de picudos y plumajes de loros disecados.

El cuello lo cubren los Kofán con sartas de pepas de monte, pulidas y brillantes. Del pecho cuelgan varios collares hechos de colmillos y dientes de tigres, sainos y chorongos, en los cuales las piezas más largas se colocan en el centro, disminuyendose su tamaño hacia los extremos. La íntima relación del Kofán con el mundo vegetal que lo rodea, se intensifica aún más por el prolijo, uso de hojas frescas de los árboles, de los más variados colores, con que se adornan la frente, los brazos, las muñecas, las piernas y las pantorrillas. Dudamos que pueda existir uan expresión plástica de la misteriosa y enmarañada selva, más profunda que este atuendo vegetal y animal del Kofán, cuando salé a una fiesta o a un baile. Y preguntado el indio por qué se viste y adorna así, contesta invariableriiente: "ñanga", que quiere decir: "por gusto".



http://pensamiento-andaqui.blogspot.com/Las letras de las canciones con que se acompaña durante esos bailes y en sus labores, confirma esto íntima unión del indio con la naturaleza. Contienen estos cantos una extraña belleza, de un arte surgido al margen de nuestras normas estéticas. La transcripción que presento es, naturalmente, defectuosa. Las canciones fueron reunidas al azar durante una noche, sin adecuados medios de fijar su ritmo en el idioma Kofán, ni manera de verificar la exactitud de la traducción. No hay que ver en ellos más que apuntes, "chispazos", que no obedecen a las reglas de la poesía occidental ni a una construcción lógica. Plasman el mundo en que vive y observa el indio, quien se confunde con la naturaleza que lo rodea, formando parte de ella. Y la pinta íntimamente, sin reservas intelectuales, como nunca podría hacerlo un hombre occidental.

Tal vez esta intensidad con que siente el indio la selva y su entrega incondicional a las emociones que dominan su vida, nos hacen sentir la juerza que encierra la poesía de este pueblo, que aún seguimos llamando "salvaje",

CANTOS A LA NATURALEZA

Sale la luna muy clara. Cogí una piedra y la zumbé a la luna. Se apagó la luna y vuelve a encenderse. Yo me río y estoy contento. La luna, dice: "No te pongas triste. A ver, si puedes cogerme antes de que me vaya de la tierra".
***
Un naranjo cargado de flores. Yo le arranqué una pepita y lloraba el naranjo: "No arranques la pepita, porque me secaré". Iba a secarse. Entonces florecer. El viento dejó el naranjo sin flores. ¡Quedaron puras espinas!
***
Estoy floreciendo como un guarango*
(Árbol). Sopla el viento y caen las flores. Se quiebra, cae y seca el palo. Asimismo nos secaremos, mi mozo y yo.
***
Estoy floreciendo como una palma de chontaduro . Cuando maduran los chontaduros, viene gente y tumba la palma. Sólo quedan sus hijos, no más. Asimismo acabaré yo y sólo quedarán mis hijitos.
***
Estoy cantando como una lora, sentada en un árbol. La lora come pepas. Estoy sentada como un coriza*
(Pájaro) arrancando pepas. Vuela la lora y se sienta en otro arbolito. Come en el pepiadero y cuando acaba, va a dormir a un palo.
***
El candilero*
(Ave) vuela a la caza de champolas* (Gusano). Ellas no saben volar y el pájaro las come. Satisfecho, se sienta en un guachi* (Cañabrava). Sopla el viento, tumba el guachi, y el candilero vuela en el aire.
***
Yo soy una garza en la playa, cogiendo zambicos.  Crece el río. Estoy bañándome, viendo Ia creciente.
***
Una lagartija baja el rio sobre una palizada. Vino la creciente, arrastra la palizada y la lagartija va río abajo. Yo le dije: "Llévame contigo". Me contestó: "No puedo llevarte, porque me voy muy lejos. ¡Quién sabe si volveré! Regresaré, si la creciente, no me deja muerta debajo de un palo".

CANCIONES FAMILIARES

Se murió mi madre y quedé sola yo ahora. Cuando me muera como se ha muerto mi madre, no he de cantar más canciones. Si me muero, se acabará todo. Bailando estoy y cantando, porque me ordenaron. Si por mí fuera, no bailaría ni jugaría.
***
No llore mi hijito, duérmase, para yo poder cocinar la chicha. Para que cuando venga su papacito pueda comer. Si no cocinamos, vendrá el papacito y nos regañará.
***
Porque se murió mi marido, yo quedé con mis hijitos. Los crié con mi trabajo, pero me dejaron abandonada. Por esto estoy sola y triste, pues se fueron, botándome. Lloraré hasta el día que me muera. Me acordaré de mis hijos. Ellos no se acuerdan de mí. Por esto estoy tan triste.
***
Porque se murió mi marido estoy sola. Sola con mis hijos y llorando. Porque me dejó sola mi marido, vivo llorando. ¿Cuándo volveré a verlo? Cuando también yo muera, habré de olvidarlo.

CANCIONES A LA CHICHA

Ahora, mientras vivimos, vamos a tomar chicha bonito. Si moriremos, no hemos de tomar más chicha. Si moriremos, ¿cuándo podremos tomarla? Nosotros nos acabaremos, nuestros cuerpos serán tierra y no sobremos más.
***
Vamos o preparar mucha chicha para bailar. Ahora que vivimos, vamos a sacar yuca para preparar anduche*
(Una masa preparada de yuca). Hoy es día de fiesta y vamos a bailar hasta que nos cansemos. Y entonces no hemos de bailar más. Mañana me voy muy lejos a trabajar. Cuando vuelva, tomaremos chicha.
***
Compadre, saca la chicha, para yo tomar. Tomaré y bailaré. Hoy día estoy muy embriagado.
Por esto le digo: "Déme chicha".
***
Saca tu botella de aguardiente para yo tomar y emborracharme. Borrachos bailaremos muy contentos. Si no podemos bailar, nos iremos a acostar. Ahora, que estamos borrachos.
***
Saca tu guarapo para yo poder tomar y bailar, ahora que estoy chumada*
(Embriagada). Cuando ya me pase la chuma, no tomaré más. Iré a trabajar a mi  platanal, porque está haciéndose monte.

(1) Árbol.
(2) Pájaro.
(3) Ave.
(4) Gusano.
(5) Cañabrava.
(6) Una masa preparada de yuca.
(7) Embriagada.


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 DATOS BIOGRAFICOS DE JUAN FRIEDE 
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(CONTINUACION PAG. SEGUNDA)



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miércoles, 2 de abril de 2014

La influencia japonesa en los estilos precolombinos

Pulicado el 25 de Octubre de 1964 - Lecturas Dominicales EL TIEMPO
La influencia japonesa en los estilos precolombinos
Por Tulia A. de Dross - Especial pra "Lecturas Dominicales"
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"¿Pudo haber una inmigración del grupo japonés, en época muy lejana, a las actuales tierras de Colombia y cuyas formas artísticas hayan permanecido estancadas en algunas regiones y en otras hayan llegado a una gran estilización, como en el estilo quimbaya? ¿Es tan solo influencia del medio ambiente y de la topografía el que figuras de ciertas zonas precolombinas presenten una dureza y casi horror en sus expresiones, y en otras una amable sonrisa?".
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El problema de analogías entre culturas tan distintas como la prehistórica asiática y la precolombina se plantea constantemente a fin de lograr un ajuste entre las relaciones halladas por historiadores, arqueólogos y antropólogos que estudian este particular. Las investigaciones llevan, por lo general, a demostrar la influencia asiática en los estilos precolombinos. Estos trabajos, a su vez, se van comprobando al descubrir los numerosos viajes realizados por los navegantes del Japón, de la China, Indonesia y el resto de la costa asiática, hasta nuestras costas americanas.

• Establece Canals Frau que del "mere, una especial arma polinesia generalmente de piedra y de elegante forma fie espátula... se han encontrado numerosos ejemlares en las regiones occidentales de ambas Américas".
 

• De modo que no solo el tipo biológico del indio americano presenta características semejantes a las razas mongólicas, que hacen pensar en una penetración temprana de los asiáticos en estas tierras, sino que también costumbres practicadas por ambos grupos y objetos de arte o de uso culinario, nos llevan a considerar parecidos que en un futuro podrán establecerse como consecuencias de un contacto o no.
 

• En relación con el arte hemos de presentar algunas consideraciones que surgieron al hallar un asombroso parentesco entre una cerámica japonesa y las figuras en piedra o cerámica pertenecientes exclusivamente a culturas precolombinas de Colombia.
 

• La figura japonesa a que nos referimos se clasifica del siguiente modo: Procedencia: japonesa; hallada en las regiones más frías de las islas.
Denominación: estilo "Dogu", o sea, un tipo de figurillas de arcilla o animales de arcilla, del año 6.000 A. C.
 

• Morfología: la mayor parte de estas cerámicas "Dogú" reúnen las características siguientes: tronco en forma triangular desproporcionado respecto a las piernas que son cortas, cilindricas; las rodillas muy acentuadas y en protuberancia, siendo base del tronco; ausencia de los muslos. El cuello es recto, la cabeza a modo rectangular lleva sobrepuesta una a manera de peinado decorativo atado como un lazo. Las partes secretas del cuerpo están representadas. Predomina un estilo naturalístico de robusta ingenuidad.
 

• Ornamentación: a manera de tatuajes tienen en el pecho y en la espalda líneas paralelas incisas. Se piensa que en este caso   representan las costillas. Resultan los círculos  en fila de  las piernas. Los ojos y la boca están rodeados de gruesas líneas sobresalientes.
Colorido: rojo pálido uniforme.
Fabricación: arcilla común (¿quemada?) trabajada a mano.
 

• Entre las piezas de cerámica precolombinas, las hay de diferentes grupos que se asemejan por algunos rasgos con la recién descrita.
 

1. - Gostautas ("Arte colombiano" p. 110) reproduce una cabeza que se encuentra en el Museo Nacional de Bogotá, perteneciente a un antropomorfo de la alfarería Muisca que se asemeja a la anterior: presenta la cara de forma rectangular; resulta el detalle de los párpados y labios que están delineados en relieve y son perfectamente horizontales; lleva una tiara de forma semi-oval.
 

2. - En la mayoría de los tunjos de la cultura Muisca se encuentran esas líneas sobresalientes, horizontales alrededor de los ojos y labios.
 

3. - Entre las varias estatuas de San Agustín, hay notables similaridades. La estatua de Quebradillas (San Agustín, Huila) muestra el rostro casi rectangular, el peinado a semejanza de una toca alargada y los ojos y boca rectangulares, marcados por dos líneas paralelas. (Figura 186 de "Orfebrería prehíspánica", Barradas).
 

• La estatua que representa una figura humana, en Ullumbe; y la que representa un dios, situada hoy en la plaza de San Agustín, presentan las mismas características. La última no solo tiene los ojos y boca rodeados de líneas paralelas sobresalientes, sino que posee un peinado, aparentemente una trenza, que sirve de ornamentación a la parte posterior de la figura. Estos dos ejemplares los podemos ver en. "Arqueología Agustiniana" de Barradas, lámina 15 y 123 respectivamente.
 

• Pero si bien estas analogías se refieren básicamente al aspecto morfológico, nos encontramos en cambio frente a otra significante particularidad al continuar revisando la historia del arte japonés. Siglos después del período Dogú, alrededor del comienzo de la era cristiana, aparece un tipo de cerámica que ya no por su morfología sino por el espíritu de que están imbuidas sus figuras y la estilización artística de las mismas se acercan a las figuras de los estilos precolombinos quimbaya y calima.

• Este tipo de cerámica japonesa se denomina "Haniwa" (hani = arcilla, wa = anillo; es decir, cilindros de arcilla), y por su profusión e importancia da nombre al período artístico. Los ejemplares fueron descubiertos en las necrópolis de la época que abarca los cinco siglos inmediatamente antes de Cristo hasta la introducción del budismo en Japón, Siglo VI D. C.

• La finalidad  de  estas figuras  era representar y acompañar a los muertos en sus moradas eternas. El  origen  de esta práctica  aparece   descrita  en  el "Nihoa Shoki", Allí se nos cuenta que al morir Yamoto-niko no Mikato (¿en II A. C.?) todos sus sirvientes fueron enterrados vivos en  las antecámaras del túmulo imperial.
 

• Al oír los llantos y quejidos de estos elemperador reinante ordenó a sus oficiales formar un consejo, diciendo: "es muy doloroso forzar a quienes uno ha amado en vida a seguirlo en la muerte. A pesar de ser esa una antigua costumbre ¿por qué continuarla si es mala?".   Días después, una ceramista de le Tierra de Izumo se presentó ante él con una solusión. De ahora en adelante ordenad por ley que se sustituyan los hombres vivos por objetos de arcilla que se colocarán en los túmulos". Estos serán las figuras "Haniwa".

• Pero, en vista de otras comparaciones, debemos considerar aquí la forma de estos túmuíos. Eran construídos en todas las islas sobre la superficie del terreno haciendo colinas artificiales con una base  ligeramente triangular al frente,  terminando en semicírculo hacia atrás, de modo que de arriba parecía un ojo de cerradura. Refiriéndose a las culturas americanas, Gostautas hace una descripción de necrópolis semejante. "La región Calima -dice- abunda en pequeñas elevaciones cónicas, de corte rectangular terminado en círculo abovedado".
 

• Las figuras "Haniwa" proceden del centro del Japón, de las regiones Kyoto-Na-ra y Kanto, los centros culturales más antiguos. Esculpidas por manos anónimas, su valor radica en que no sufrieron las influencias del continente; son representantes del genio nativo japonés en su forma más pura. Las cualidades artísticas que presentan continuaron viéndose a través de todas las manifestaciones del arte nipón: estilización, simplicidad en las formas, fina sensibilidad estética, vivida espontaneidad y hondo sentimiento humano. Características son estas aplicables, por lo demás, al arte quimbaya; aunque . en estas regiones no hayan seguido revelándose en otras etapas.
 

• La cerámica "Haniwa" se clasifica en dos grupos: las de forma cilindrica y las .simbólicas. Antes de la muerte de Mikato se colocaban en los túmulos vasijas cilindricas. Luego, en un período artístico intermedio, transformaron la parte superior de los cilindros en cabezas humanas o de animales dejando la parte inferior con la antigua forma, como base. De estos ejemplares hay pocos, pero es interesante comparar la que representa una mujer con un jarro sobre la cabeza -del cilindro se extrajo un cuello muy ancho apenas insinuado, esculpiéndose con detención la cabeza- con otra de la región de San Agustín, en la que se advierte el mismo sistema. Es esta una figura en piedra que pudo haber sido un cilindro, cuyo extremo superior representa un rostro en que el sentimiento humano se trasmite tanto como en la figura japonesa.
 

• De las formas definidamente "Haniwa" -Simbólicas- encontramos semejanzas que nos detienen frente a los estilos calima y quimbaya. En general, puede verse en ambos grupos culturales, asiático y americano, un trabajo similar en la forma rectangular de los torsos, en la desproporción de estos y los miembros inferiores de las figuras sentadas; uoa singular amplitud en los hombros que están muy desarrollados; las rodillas pronunciadas y la parte inferior de las piernas muy redondeadas; el sexo está representado en las figuras desnudas; la ornamentación es sencilla predominando las líneas incisas en el cuello y los círculos distribuidos linealmente en distintas partes del cuerpo. Se asemejan singularmente en la expresión humana de los rostros (una leve sonrisa es común en ambos estilos) y en la estilización de las figuras.
 

• Hay una figura "Haniwa" que representa un hombre sentado con los siguientes rasgos: torso rectangular, hombros anchos, brazos arqueados, piernas cortas y desproporcionadas respecto al cuerpo, trenzas qua caen a los dos lados de la cabeza; ornamentación a base de círculos en fiías.
 

• En "Orfebrería Prehispánica de Colombia", Barradas nos describe una figura de barro cocido (fig. 34) parecida: "La pieza más notable es una figura sentada, que hoy pertenece al Museo Arqueológico Nacional de Bogotá y que fue descrita por Pineda, Mide 24 cm. de altura. Es de barro negro, de color rojo claro al exterior. Representa, con gran realismo, un personaje de sexo indefinido, grueso, con las manos apoyadas sobre las rodillas. La cara es muy expresiva. El peinado, aparte de otros detalles, se caracteriza por dos trenzas que caen sobre los hombros, lo cual, si bien aparece en otras figuras de cerámica calima es, como señaló Pineda, "muy poco frecuente en la cerámica de las diversas regiones arqueológicas de Colombia". "La figura está desnuda. Sobre los hombros muestra tres filas de círculos, lo cual ha sido considerado por Pineda como tatuaje...".
 

• Las conclusiones a que podemos llegar son solo conjeturales e hipotéticas: ¿pudo haber una inmigración del grupo japonés en época muy lejana a estas tierras y cuyas formas artísticas hayan permanecido estancadas en algunas regiones y en otras hayan llegado a gran estilización, como en el estilo quimbaya? ¿Es tan solo influencia del medio ambiente y de la topografía el que figuras de ciertas zonas precolombinas presenten una dureza y casi horror en sus expresiones y en otras una amable sonrisa?
 

Dice Barradas: "Por último, tenemos que citar que una de las piezas más espléndidas del estilo calima sugiere aún más lejanas relaciones o páratelos que todas las joyas anteriores. Nos referimos al magnífico pectoral de Campohermoso, cuyo mascarón recuerda bastante una cabeza de Buda, de estilo parecido a las de Java y Sumatra de los Siglos VI - VII D. C. En otro tiempo resultaba aventurado establecer estas semejanzas, indicadoras de conexiones del Lejano Oriente con América a través del Pacífico, pero en la actualidad, y después de los estudios de R. Heine-Geldern y G. F. Ekholm, hay motivos justificados para admitir la posibilidad de que hayan tenido lugar, puesto que cada vez, como en el caso presente, encontramos más hechos que hablan a favbr de las mismas".

Han hecho posible este trabajo la generosa colaboración del doctor J. Piñeros Corpas y del señor Hatta, Agregado Cultural de la Embajada del Japón.
Mi sincero agradecimiento.


TULIA A. DE DROSS
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Tulia Alvarez (1938-2001)
Nacida en Montevideo, hija de un reconocido medico y una cantante lírica. De joven dibuja con el maestro uruguayo Felipe Seade y estudia literatura francesa e historia del arte en la Facultad de Humanidades de Montevideo. En 1959 se casa con un exitoso gerente alemán, con quien viaja al extranjero. Luego de vivir algunos años en Indonesia, se radica en Colombia, donde en1969 se recibe de Licenciada en Filología e Idiomas de la Universidad de Colombia. Enseña literatura y filosofía en el Instituto Caro y Cuervo y en la Universidad La Salle y escribe además para la revista "Eco" de Bogotá. Nacen sus 3 hijos y en 1970 se muda con su familia a Alemania, en donde continúa estudiando historia del arte en la Universidad de Bonn.

En 1976 regresa al Río de la Plata y se radica con su familia en Argentina comenzando a adentrarse aún mas en el arte y la pintura. Estudia en el Instituto de Bellas Artes Beato Angélico de Buenos Aires y se recibe en 1979. Obtiene una mención especial en el Salón Nacional de Arte de Bs.As. en 1979. Entre 1980 y 1981 es Directora de la Galería Sarmiento y pinta en los talleres de Clarel Neme, Norberto Berdía y Julio Alpuy.

Entre 1982 y 1989 funda y preside la representación del Instituto Jung de Zurich en Buenos Aires y Montevideo, creando un espacio interdisciplinario en el que exploraba especialmente la relación de la simbología de Jung y el arte Rioplatense realizando en tal sentido numerosas exposiciones de pintores argentinos y uruguayos que expresaban esta relación. También fue editora de la revista Abato del Instituto Jung de Buenos Aires y edita también “La Ninfa Sorprendida de Manet”, de Juan Corradini, para el Museo Nacional de Bellas Artes con traducción al inglés y al francés.

Uno de los pintores a quien mas se dedica a difundir como galerista, es Miguel Angel Pareja. Sobre su pintura escribe en 1982 para la revista Opinar de Montevideo y en el mismo año realiza un Audiovisual sobre su obra titulado "La libertad y el color".

En 1989 vuelve a Montevideo y se integra al taller de la escuela Pareja de Guillermo Büsch dedicándose intensamente a la pintura, tratando de llevar al lienzo todo lo que su ser había absorbido en su pasión por la vida y su incansable búsqueda intelectual de la verdad y lo absoluto. Su formación profundamente intelectual se vería entonces liberada, articulando lo plástico con su visión del mundo; su mundo interior. Realiza numerosas exposiciones individuales y colectivas, publicando además un libro de poemas titulado "Y el andar nos delata".

Tal vez no haya mejor manera de describir la primera etapa de su pintura que con sus propias palabras:

“Como sagitariana he vivido entre el vuelo de las gaviotas de la costa montevideana y una larga trashumancia planetaria. He amado apasionadamente y sigo el dictado del péndulo de mi inconsciente que me abre camino a los misterios que oscilan entre Eros y Thanatos. Me expreso y me he expresado como reclama mi instinto. Hoy mis colores y el dibujo que con ellos trazo, son la expresión de mis sentimientos, de esas formulaciones que la razón no controla. Esas ansias de inbuirme en el aire de las islas griegas con el perfume de lentisco y de terebinto. En Kefalonia los guijarros tirados al agua retumbaron en el Cosmos como ecos lejanos de primigeneas voces de nuestra cultura...”

Hacia el final de su obra su pintura toma un trasfondo mas espiritual y aunque no era religiosa, su obra refleja aspectos de la filosofía budista y la simpleza del zen. Vemos una búsqueda donde el dibujo parece emerger del espacio, donde el espacio le da lugar a la forma y la forma le da lugar al espacio y estos dos parecen una sola cosa. Vemos en esta etapa marcadas influencias de los estudios de caligrafía china que realiza con tinta sobre papel. Podemos ver una especulación con el vacío como un contenedor desde donde parecieran emerger sus trazos fuertes, profundos y espontáneos desafiando la gravedad, donde la pintura y el dibujo como expresión espontánea están estrechamente unidos, entrelazados. El movimiento intuitivo de su pincel trata de describir al mundo como una relación de constante continuidad de transformaciones entre el ser humano y su universo. Sus trazos quisieran revelar la experiencia misma del espacio.

En sus palabras :

“Creo que somos uno con el todo. Y que la sincronicidad es una forma a-causal de presentarse la realidad. Esta relación entre el Microcosmos y Macrocosmos ... que si arrancamos una flor en la Tierra algo se mueve en el universo, es ésa realidad. Lo panteísta y lo fáustico que me convocaban al Misterio eran formas de ese Todo. Y hoy es algo que trasunta lo que pinto pues todo es símbolo y también son simbólicos los colores.”


Escrito por Axel Hermógenes Dross Alvarez.
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martes, 14 de abril de 2009

Félix Valenzuela: Poeta Aceveduno de puro corazón




Les regalo una flor

He mirado en las tumbas
las flores esparcidas,
que vivas las llevaron
a morirsen allá.

Yo prefiero en mi tumba
que me siembren un árbol
que sus ramas las muevan
los vientos al pasar
y sentir sus raíces
aferrarse a mi cuerpo,
como si me quisieran
del fondo rescatar.

Pero ya no soy nada,
solo fui un pasajero
que regresa al misterio
que está en el más allá
donde nadie es más nadie
y se duerme tranquilo
el sueño de la paz.

Que me siembren un árbol
de hermosa florescencia,
que yo sentiré en él,
continuar mi existencia,
que me siembren un árbol,
les pido ese favor, 
y cuando éste florezca,
les regalo una flor.

Autor: Félix Valenzuela de Acevedo Huila

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Payaso

Soy un payaso
que finge una sonrisa
para un público
que está en mi corazón
mi presencia desata carcajadas
yo a solas sufro
nadie entiende mi dolor

Portando una careta de contento
le oculto al mundo
mi fatal dolor
labios alegres
me ofrecen su sonrisa
pero yo se que ninguna
es por amor

La pista es mi destino aventurero
y en ella actuó sin ningún animador
hoy yo ocupo el escenario
que ocuparon otros payasos
que murieron por amor

Me inspiro
en el trapecio de la vida
y en ella miro
que nada es realidad
pues terminada mi actución
la gente dice:
pobre payaso
quien lo puede amar.

Autor: Félix Valenzuela de Acevedo Huila

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Féliz Valenzuela es un gran personaje incognito que vive de su trabajo de albañil, al que para construír su vida y su familia le bastaron pocos años de aprendizaje académico con mucho corazón y una fantástica imaginación. Vive en Acevedo Huila donde con su visión poética observa y siente su entorno, dejando plantada en sus poesías la semilla del andaquí que con su pensamiento construye un legado que será de los futuros acevedunos.

miércoles, 26 de noviembre de 2008

Canela de Andaquíes


Canela de Andaquíes, también llamada canela morena, nombre común de un árbol grande, de hasta 25 m de altura, típico de las selvas intertropicales sudamericanas, sobre todo de la Amazonia.

Las ramas son cilíndricas, con hojas enteras, elípticas, acuminadas, levemente reticuladas en el envés, y con peciolos muy acanalados. La inflorescencia es en panícula, con flores pequeñas de color amarillo, tomentosas, fragantes. (el tomento* característico se aprecia más cuando están secas)

El fruto es una baya oblonga. Produce una excelente madera de color castaño oscuro, pesada, compacta y casi incorruptible. La corteza, medicinal, se emplea contra la artritis, el catarro crónico y para extraer la esencia llamada “olor de Pará”. También se utiliza para perfumar el chocolate y como sucedáneo de la canela de Ceilán (Cinnamomum zeylandicum).

*Tomento: Capa de pelos que cubre la superficie de los órganos de algunas plantas. (Encarta)

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La Canela

http://www.saludmasdietas.com/2007/02/09/la-canela/

Es la corteza marrón del árbol de la canela, que cuando está seco, sus ramas se presentan en forma de rodillos.La canela está disponible en su forma entera de la canilla (palillos de canela) o en polvo.

Las capacidades curativas únicas de la canela vienen a partir de tres tipos básicos de componentes en los aceites esenciales encontrados en su corteza. Estos aceites contienen los componentes activos llamados cinnamaldehyde, acetato cinnamyl, y alcohol cinnamyl, más una amplia gama de otras sustancias.

Lo que podemos obtener al cocinarla:

Además de los componentes activos en sus aceites esenciales y su composición nutriente, la canela también se ha valorado en la medicina china tradicional, por sus calidades curativas, ya que al mezclarse en forma de té con un poco de jengibre fresco se puede utilizar para quitar el frio en las gripes.

El calcio y fibra:

Además de sus aceites esenciales únicos, la canela es una fuente excelente de manganeso mineral y muy buena de la fibra, del hierro y del calcio. La combinación del calcio y de la fibra en la canela es importante y puede ser provechosa para la prevención de varias diversas enfermedades. El calcio y la fibra pueden absorver las sales de las bilis y ayudar a eliminarlas del cuerpo, de ésta manera la fibra ayuda a prevenir el daño que ciertas sales de bilis pueden causar a las células del organismo, de tal modo se reduce el riesgo de cáncer. Además, cuando la bilis es quitada por la fibra, el cuerpo tiene la necesidad de analizar el colesterol para crear una bilis nueva. Este proceso puede ayudar a bajar los niveles ricos en colesterol, que pueden ser provechosos en la prevención de arterosclerosis y de enfermedades cardíacas. Para las víctimas del síndrome irritable del intestino, la fibra de la canela puede también prevenir el estreñimiento y la diarrea.

Control del azúcar en sangre:

La canela puede ayudar a las personas con tipo 2 de diábetes ya que mejorar su capacidad de responder a la insulina, normalizando sus niveles de azúcar de sangre. Los estudios realizados en animales han demostrado que los compuestos de la canela no sólo estimulan los receptores de la insulina, sino también inhiben una enzima que los hace inactivo, así la capacidad de las células perceptiblemente aumenta para utilizar la glucosa. Los estudios para confirmar las acciones beneficiosas de la canela en seres humanos están actualmente en curso con el informe más reciente que viene de los investigadores del servicio agrícola de la investigación de los E.E.U.U., que han demostrado que menos que la mitad de una cucharilla por día de la canela reduce niveles de azúcar en sangre en personas con el tipo 2 de diábetes.

Actividad antimicrobiana:

Los aceites esenciales de la canela también la califican como alimento “antimicrobiano”, ya que su capacidad ayuda a parar el crecimiento de bacterias como hongos, incluyendo el Candida de la levadura. En pruebas de laboratorio, el crecimiento de las levaduras que eran resistentes al fluconazole antihongos de uso general con medicación (sin embargo no siempre) fue parado a menudo por los extractos de la canela.
1. Capa de pelos que cubre la superficie de los órganos de algunas plantas.

La canela y el colesterol. Otro estudio reciente, en personas que padecían de diabetes tipo 2, mostró que el añadir un cuarto de cucharadita de canela diariamente en su ingesta, incluida en los alimentos, disminuía los niveles de la fracción mala del colesterol, que se conoce como LDL, los triglicéridos (grasas en la sangre) y el nivel de glucosa (el azúcar) en la sangre. Desde luego que si el colesterol está muy elevado, el agregar un poco de canela no será suficiente y será necesaria la intervención de fármacos.

Clasificación científica: la canela de Andaquíes o canela morena es la especie Aniba canelilla; el género Aniba pertenece a la familia de las Lauráceas (Lauraceae), con más de 40 especies en la América tropical.

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Se obtiene la canela de la corteza interior de las ramas del canelero el cual es un árbol, lauraceo, de flores amarillas pequeñas y hojas ovaladas.

Propiedades curativas: Para provocar y regularizar la menstruaci6n, ayuda a la digestión y se considera que es afrodiciaco. De forma externa, mejora el reumatismo.

Modo de empleo: Después de comer, se recomienda tomar un cocimiento hecho con una corteza de canela.

Para el reumatismo, friccionar con aceite de esencia de canela (la cual puede ser adquirida comercialmente) la parte adolorida.

http://www.remediospopulares.com/diccionarioherbariocd.html

jueves, 2 de octubre de 2008

Los saberes desconocidos de los Andaquíes

MIGUEL PERDOMO NEIRA

EMPIRICO. - Nació en La Plata, estado de Tolima, Colombia, en Septiembre de 1833, de familias antiguas y oriundas de España; se ignora el nombre de su padre pues fue hijo natural de María Concepción Perdomo, de estado civil soltera.

Sobre sus primeros años no se conoce mayor cosa, sabiéndose que desde pequeño se empleó de labriego a jornal en labores agrícolas para ayudar a su pobre y desamparada madre, que le educó cristianamente, enseñándole a practicar la caridad con el prójimo.

Muy joven se fue a correr aventuras en las montañas con dos amigos y entraron en la tribu de los indios Andaquíes.

Sus compañeros llamaban Sebastián Quintero y Domingo Pachón y murieron a manos de los salvajes; no así Perdomo, que logró sobrevivir y aprendió sus idiomas y hasta se llegó a adaptar a sus costumbres durante los cinco años que habitó entre ellos y que corrieron desde 1855 al 1860, durante los cuales aprendió varios secretos terapéuticos entre las tribus de los Indios Sibondois y Macabeos, que también frecuentó.

Mientras tanto había logrado civilizar a diez hombres y dos mujeres que llevó al poblado de San Agustín a bautizar.

En 1860 estalló la guerra civil en Colombia y con tal motivo Perdomo se enroló en las tropas del General Julio Arboleda y combatió en numerosas acciones. "Vencido su partido y prisionero él en unión de otro alto oficial, fueron condenados a muerte, pero logró salvarse del patíbulo fugandose por entre sus centinelas, con admirable estratagema de serenidad.

"Entonces huyó a las montañas llevando a su madre, esposa y un hijo de pecho y llegó al poblado de Timbío en Cauca donde se transformó en curandero, copando la atención de toda Colombia pocos meses después debido a sus milagrosos tratamientos. Era el año de 1865.

Su biógrafo el Dr. Esteban Ovalle dice:

"Un acontecimiento grandioso en los fastos de la ciencia y de alta trascendencia para la humanidad, se viene cumpliendo en Colombia desde ese año, digno por su naturaleza del estudio del médico y de la meditación del filósofo, solo ha merecido hasta ahora ovaciones del pueblo".

Perdomo no preguntaba quien era el que padecía ni acostumbraba cobrar por sus trabajos pues buenamente aceptaba lo que le daban por ellos sin exigir nada a cambio.

De Colombia pasó a Quito en 1866 siempre modesto y bondadoso y hasta llegó a no cobrar por los medicamentos que entregaba, pero como las autoridades le exigieron rendir un examen para continuar con sus prácticas, se regresó a su tierra con la bendición de todos los que había sanado.

Nuevamente en Colombia, pasó a Bogotá donde realizó numerosas operaciones, e hizo célebre la extracción de un tumor de catorce libras de peso a un hombre, sin dolor y sin hemorragia, pues utilizando unos polvos que solo él conocía, paralizaba los flujos de sangre mientras intervenía al paciente; la policía, movida por los médicos, allanó su domicilio y le decomisaron sus productos concitando la indignación popular, que llegó en cierto momento a hacerse tan grave, que las autoridades temieron la caída del gobierno y entonces Perdomo comprendió que su presencia traería mayores odiosidades y huyó a Popayán, mientras la capital se inundaba de hojas sueltas, unas a favor y otras en contra de tan discutida figura.

En Popayán estableció en 1868 un hospital en la hacienda "San Juan de Dios" donde atendía a cientos de enfermos. Un día descubrió que en el pueblo de Supía habían contratado a varios desalmados para asesinarlo pero se dio mañas para desarmarlos, curo a dos de ellos y hasta les regaló ropas y dinero.

Su biógrafo, con mucho de exageración, habla de 207.185 curaciones realizadas entre el 1865 y el 1873 sin contar con las operaciones quirúrgicas que también fueron muchas. Ese tipo de estadística es muy difícil de llevar, mas aún en tiempos en que no existían las computadoras, de allí que la ponemos en serias dudas. Mas, es el caso, que Perdomo tenía fama de caritativo, honesto y servicial, a la par de mago o yoga milagroso que obtenía curaciones imposibles, dignas de figurar en la listado lo que no se puede explicar a la luz de nuestra ciencia.

A veces llegó al colmo de curar por grupos que formaba de entre la multitud por la analogía de dolencias, explicándose quizás de esa forma el alto número de curaciones que trae su biógrafo. También el Dr. Ricardo de la Parra publicó que Perdomo intervenía en los órganos más delicados, sus diagnósticos y pronósticos eran asombrosos, sanaba ciegos totales y antiguos, detenía cataratas, nubes, el terigión y el ectropión. Operaba pecho y garganta, cortaba arterias, tejidos fibras y vasos sin hemorragias, abría la matriz y el vientre, extraía el hígado, baso, riñones, vejiga, intestinos y sacaba quistes, condilomas, cálculos, estratomas, tumores y excrecencias de toda clase, devolvía la fecundidad a las mujeres estériles y el poder generador a los hombres, curaba la lepra, el asma y la locura, hacía caminara los paralíticos y hasta enderezaba a los tullidos.

¡Qué maravilla! todo ello sin aspavientos, ni emociones fuertes y como era un hombre de Dios, infundía fe a los incrédulos, daba reposo y bienestar a los desesperados y nerviosos y hasta sacaba tumores de la garganta a los cotudos. Por eso su fama crecía a ojos vista y la gente lo seguía. Modesto Chávez Franco le calificó en este siglo de yoga milagroso pues no utilizaba instrumental en sus operaciones y cuando llegó a Guayaquil a fines de 1874 y comenzó a extraer tumores y a cortar quistes con habilidad y presteza extraordinaria, no faltaron los chistosos que quisieron jugarle una broma y estando Perdomo atendiendo a su numerosa clientela en la botica "El Comercio" del Dr. José Payeze, ubicada en la esquina de las calles Comercio y Aduana, bajos del edificio de Rosendo Aviles (hoy Pichincha y Clemente Ballen, edificio de la Empresa Municipal de Agua Potable) se apareció un mocito haciendo aspavientos de gran dolor y señalándose el vientre. Todo fue que lo vio Perdomo y le dio un ligero masaje por varios sitios de la región abdominal, diciéndole:

"Ud. no tiene nada -hijo mío- sino ganas de burlarse de mi; pero ahora corra, si no quiere que se burlen de usted, corra a su casa porque va a ponerse hecha un asco su ropa interior".

Y efectivamente el mozo tuvo que echarse a correr y no se sabe si atinó a llegar a tiempo a su casa o si se hizo la mayor en media calle. A otro sujeto le hizo arrojar por la boca la tenia o solitaria con solo ponerle en la punta de la lengua una dedada de polvito y hacerle asomar al balcón más próximo.

Y aquí viene la leyenda, pues estando en Guayaquil falleció violentamente y según se ha podido saber, su muerte fue por causas naturales y se debió a la epidemia de viruela que entonces asolaba el puerto, aunque otros autores cuentan lo siguiente:

"Estaba operando el bocio o coto de una mujer, en el claustro vastísimo de la casa de Rosendo Aviles y rodeado de numerosos curiosos, pues tenía la costumbre de operar al aire libre y recubierto de una túnica nazarena color morado. El público llenaba los balcones del primer piso de la casa, cuando en lo mejor de la operación le cayó en el centro de su cabeza descubierta, un salivazo, echado por un mozalbete de esos que en todo tiempo quieren llamar la atención de la gente con cualquier extravagancia o estupidez, o buscar la risa de otros intensos que premian sus mangajadas. Perdomo no hizo mas que mirar hacia arriba y ponerse pálido, terminando su intervención como pudo, no sin antes murmurar "Me han matado".

Otros dicen que solamente se limpió la inmundicia en silencio y terminó la operación, mas lo cierto fue que desde ese momento, despojado del ropón y visiblemente alterado, subió al claustro alto en busca del autor de la ofensa para castigarlo y como no lo halló, al momento de bajar sufrió un desmayo de cólera y tuvo que ser llevado a su casa, de la que no volvió a salir porque murió el 24 de Diciembre de 1874, aquejado de viruelas, aunque bien pudo ser que por efecto de la cólera se le alterara el ritmo de su vida.

En 1877 su viuda exhumó los restos y como Perdomo había sido hermano de la Tercera Orden Franciscana, fue enterrado en el templo, que se quemó durante el Incendio Grande de 1896.

El Dr. Mauro Madero, en su "Historia de la Medicina" en la Provincia del Guayas escribió que fue un empírico con un arsenal terapéutico muy escaso; unos polvos vomi-purgantes y alguna que otra sustancia en su mayor parte vegetales. Su éxito principal consistía en impedir las hemorragias en determinadas operaciones como bocios, lipomas, pólipos, etc. Le califica de curandero bien intencionado, pero lo acusa de haber provocado la muerte de una paciente en Quito, lo que motivó su prisión, de la que salió por influencias de su amigo el Padre Sodiro, S. J. a quien probablemente enseñó algunos de sus secretos botánicos.

Perdomo quería viajar a Europa y así lo había expresado en múltiples ocasiones, donde posiblemente su talento y arte hubieran sido mejor apreciados. En Guayaquil operó muy poco pues solo estuvo un mes o quizás algo mas. Se citan cuatro operaciones que le hicieron famoso en el puerto:
1) la extracción de un tumor de la mama,
2) Otro de la muñeca de una mujer,
3) Extracción de una carnosidad en el ojo, y
4) La extracción de una callosidad en la fosa nasal de una niña.

El diario "La Nación" en 1884 refirió el siguiente caso: "Pasaba Perdomo una mañana por el portal de la casa de los señores Sánchez, frente a la iglesia de San Agustín, cuando un hombre del pueblo se le arrodilló en la calle pidiéndole que le extrajera una bala que por espacio de muchos años tenía en una pierna. Perdomo le dijo que descubriera el lugar que indicaba; y cuando el pobre hombre creía que estaba estudiando el mal. Este puso en sus manos la bala, que había extraído casi sin dolor, en un instante, sin sangre y para colmos sin que el interesado se hubiera percatado de ello. ¿Milagro?".

La única fotografía que se le conoce lo muestra blanco, delgado, de estatura mas bien pequeña, bigote, barba de perilla y cabellos negros. Una calvicie pronunciada y la frente amplia. denotan al hombre intelectual, inteligente, bondadoso por el gesto y la mirada.

Fuente: Diccionario Biográfico de Ecuador

miércoles, 27 de agosto de 2008

Curiosidades de la montaña


Quince ilustraciones extraídas de "Curiosidades de la montaña y medico en casa", del presbítero Manuel María Albis. Entre las expediciones más arduas llevadas a término por Codazzi debemos sin duda destacar la exploración de la región de los Andaki, cuyos hábitos antropófagos se daban por ciertos. Antes de emprender este viaje, Codazzi recogió los escasos testimonios y los pocos mapas existentes. Fue así como llegó a sus manos un curioso cuadernillo ingenuamente ilustrado, dedicado precisamente a los indios Andaki. Era una especie de repertorio de tribulaciones de un pobre cura misionero, Manuel Maria Albis, lleno de descripciones etnográficas de las poblaciones del Putumayo (entre las cuales se incluían a los Andaki) y de un utilísimo diccionario. Mientras se aprestaba a adentrarse en la floresta, Codazzi recibió noticias alarmantes por parte de Albis. El misionero padecía gravemente de fiebres, por lo que Codazzi intentó hacerle llegar la receta de cierto medicamento. El cuaderno de Albis constituye un documento de gran valor para el conocimiento de la zona ecuatorial americana. FUENTE














lunes, 11 de agosto de 2008

El territorio de los Andaquíes



El Área de influencia Andaquí la delimitan los municipios de Pitalito, Palestina, Acevedo y San Agustín, así como sus límites con los municipios de Timaná e Isnos y sus sectores de frontera y vecindad con los actuales departamentos del Caquetá, Cauca y Putumayo.

El paisaje de esta región lo nutre en muchos aspectos el Río Magdalena, que en los primeros doscientos kilómetros de recorrido desciende desde una altitud de 3.600 metros hasta 470 sobre el nivel del mar conformando su cauce con muchos riachuelos y quebradas y con afluentes de gran caudal como los ríos Suaza, Páez, y la Plata. Una variedad de rápidos y caídas, como grandes caudales con frecuentes gargantas de variedad de raudales, son accidentes geográficos típicos de la zona hidrográfica de la parte alta del Alto Magdalena.

Algunos factores importantes en la consideración de este escenario son: el río Magdalena y sus tributarios, los orígenes de sus poblaciones ancestrales, su historia común en distintas situaciones de la vida de la región del Sur del Huila y sus fluidas comunicaciones desde las épocas precolombinas, como lo constata la red de caminos en uso antes de la llegada de los españoles, los cuales se mantuvieron merced a su transformación como vías de la conquista, como caminos reales luego, y/o como rutas republicanas, siendo en buena parte la referencia para las actuales vías. (“El corredor y sus Gentes” Beatriz M. Gómez - PCB. Junio/05)

EL CAMINO DE LAS MARAVILLAS DE LA NATURALEZA

Un camino importante fue el de los misioneros franciscanos que se dirigieron de Timaná hacia el oriente, por el valle del río Suaza al territorio de los andaquíes, en los llanos del río Orteguaza y de allí hacia el gran Caquetá.

Las tierras amazónicas fueron objeto de una colonización misionera desde el siglo XVIII, por parte de los franciscanos y jesuitas establecidos en la ciudad de Quito. Por bula papal de Benedicto XIV, de septiembre 22 de 1755, se trasladó el colegio de misiones de Quito (San Diego de Pomasqui) a la ciudad de Popayán, al colegio franciscano de Nuestra Señora de Las Gracias, que tuvo bajo su jurisdicción todo el territorio indígena del Caquetá.

Ya para el siglo XVIII el territorio del Alto Magdalena logró una estabilidad colonial, con ciudades, villas, pueblos de indios y mestizos, resguardos, haciendas y encomiendas. Por los caminos circularon continuamente indios cargueros, recuas de mulas cargadas de productos, ganado vacuno, cerdos y otras mercancías entre las ciudades de Popayán, Neiva, Timaná, Ibagué, Honda y Santafé de Bogotá.

Sobre los caminos principales existen algunas noticias; del camino de Guanacas hay una buena descripción hecha en 1725 por el maestre de Campo Don Juan Vargas Figueroa, gobernador de las provincias de Neiva, Saldaña, Timaná y La Plata, en el informe dirigido al rey de España. (Caminos Reales de Colombia - Héctor Llanos)

«Y así mismo, informa de la que conviene a la causa pública, trato, comunicación, tráfago de los comerciantes de la carrera de Quito, Popayán y Santafé con el Perú, ferias de Cartagena, el que tuviese efecto la abertura del camino que era el que se traficaba y usaba desde La Plata Vieja que se destruyó más ha de ciento ochenta años por falta de cuyas mejorías y noticias se abrió y solicitó el que se anda, que llaman de Guanacas por lo sumamente malo y arriesgado, así por las vidas como para las haciendas por haber de pasar montañas que solo la necesidad puede tolerar, que fueran impasables o no haber industriado empalaizadas con empedradas que se recorre continuamente con mucha trabajo y costos, porque en faltando o pudriéndose los palos se hace intratable e impasable a más de dicho páramo donde cogiendo a los pasajeros, recuas de mulas y arrieros temporales mueren y ha muerto mucha gente, indios, esclavos, mulas, ganados, lo que es tan común como lo manifiesta la experiencia, como también las grandes pérdidas que se han ofrecido a los mercaderes y comerciantes, en particular en las laderas del río Páez, camino de longitud y solo el ámbito de media vara, o las mulas cargadas, o por la corta distancia de dicho camino se han despeñado al dicho río Páez cargas de ropa, de plata, de oro. . . » (en González, 1977:82).

Localización.
Al iniciarse la conquista española los Andakí ocupaban la extensa región del Sur del Departamento del Huila, del área folklórica huilense-caqueteña. Se hallaban enmarcados entre los dos brazos de las cordilleras Oriental y Central; por medio de su territorio corren los ríos Magdalena y Suaza, como principales; al norte, cerca a La Plata y Garzón, lindaban con los Pijao o Pinao, de familia lingüística KARIB.
Los cronistas no nos hablan de su localización; sin embargo, dadas sus características, parece que a ellos hace referencia el Obispo LUCAS FERNANDEZ DE PIEDRAHITA en la parte que transcribimos: "Pero entre todas las naciones de que vamos tratando, la que más se ha señalado en valor y fortaleza no solamente en el Nuevo Reino pero en todas las Indias, por la ventaja que ha hecho a las más guerreras, son los Pijaos, sin más diferencia de los Coyaimas y Natagaimas que habitan éstos en los Llanos de Neiva y aquéllos (los andaquies) en las sierras que confinan con las provincias de Popayán". (3. Liv. I., Cap. II, Págs. 8 y 9). La parte que subrayamos explica nuestra interpretación.

Medio geográfico.
La región que acabamos de delinear, que para nuestro estudio seguiremos llamando región andakí, comprende un territorio de unos 7.000 kilómetros cuadrados de superficie; la temperatura de la generalidad es media, siendo pocos los lugares cálidos, lo mismo que los frígidos.
Encuéntranse en la extensión andakí tres valles principales: el del Magdalena que se extiende estrecho hasta Garzón; el del Suaza en toda su extensión hasta su desembocadura en la Jagua; y el del río Cambís o de la Plata, limitando en la parte alta por la Serranía de las Minas y la quebrada de Chilicambe.
Además de las cordilleras citadas, modifican la orografía del área andakí la Serranía de la Ceja, las montañas de Isnos y la Sierra de las Minas; el nudo de Garzón constituía el límite NE.
Los terrenos son en general de extraordinaria feracidad y ricos en productos naturales apropiados a su altura y clima.
Las estribaciones de la Central tienen algunos yacimientos auríferos, conocidos de los andakí, que no de los primitivos habitantes llamados hoy con el nombre de pueblo agustiniano, diferente del andakí. En la banda oriental explotaron hasta bien entrada la Colonia una mina de sal (mandisi, en lengua andakí) en la cumbre de la cordillera, en la depresión de la Ceja, según informes que nos ha suministrado el misionero Fray Jacinto M. de QUITO y que nosotros tenemos recogidos en una tradición oral.

Origen.
Dado el estudio que de la lengua ANDAKÍ hace el eminente americanista profesor Paul Rivet, se puede considerar la nación Andakí como perteneciente a la raza ítsmida, última de las cinco que llegaron a Colombia, posiblemente alrededor del año 700. Corresponde este grupo étnico a la última migración americana y se relaciona lingüísticamente con varios dialectos de Norte y Centro América. (Sobre el particular véase el "Esquema Moderno de los pueblos prehistóricos e históricos de Colombia, grupo V, por el Padre Marcelino de CASTELLVI, Revista Amazonia Colombiana Americanista, tomo III, Nros. 9 y 10, Pag. 54).

Tipo físico.
Sobre los Andakí es muy poco lo que se puede decir: 1- Porque los cronistas no anotan nada sobre ellos; 2- Porque el gentilicio Andakí solo aparece por primera vez, hasta donde estamos informados, en un documento del Cabildo de la Villa de Timaná, fechado en 28 de enero de 1637; y 3- Porque en los tiempos modernos no se han localizado grupos andakí que permitan tomar las medidas serológicas y antropométricas, indispensables para la clasificación bioantropológica.

Empero, si aceptamos la etnía chibcha, los podemos considerar como de tipo marcado mogólico, tal como lo podemos observar en algunos mestizos descendientes de los andakí, en Acebedo, antiguo San Francisco Javier de la Ceja de Andakíes. Así los describimos de mediana estatura, robustos de pecho, cara y narices anchas, pómulos salientes, ojos un tanto oblicuos, con predominio de la braquicefalia.

Vestidos y adornos.
Conocedores del algodón (guaguana), es probable que usaran vestidos de manta tejida, o al menos tapasexos del mismo material. La observación de CODAZZI, que publicamos en la parte que corresponde según la cronología, en la que anota su completa desnudez no la aceptamos para el período prehistórico por tres razones:
1° - Porque el clima más o menos frío bien pudo moverlos a vestirse;
2° - Porque todo hace pensar que este pueblo sedentario, al emigrar a la selva por la presión de los blancos, perdió sus hábitos culturales, además de que lo ardiente del medio ambiente no los obligaba a cubrirse; y
3°- Porque en su lengua se encuentran las palabras guaguana, algodón, guaguajafí, hilo de algodón, lo que hace presumir, analizando el sufijo, que lo conocían y elaboraban. Nuestro aserto lo podemos verificar al examinar los monumentos que descubrimos en Acebedo y Suaza.
En nuestras investigaciones en Acebedo encontramos en la fracción de San Antonio una piedra finamente pulida, de color verde y amarillo con un orificio en la parte media superior. Esta aparece como un objeto de adorno, seguramente parte de un collar, pues gustaban de las chaquiras, (fianasari).
Además de estos collares usaron para sus festividades coronas de plumas de colores, como lo anota el ya citado CODAZZI, pintándose además con achiote (bixa Orellana L.) o son semillas de achira (canna edulis. Ker.) de la que extraían color rojo, y completando el maquillaje con pintura vegetal negra.
Perforábanse las orejas y colocaban tallos de junco con plumas en el orificio. Fuera de esto usaban cintillos y collares con dientes de animales, generalmente trofeos de guerra o caza.

Habitación.
Durante nuestras investigaciones mencionadas, en diciembre y enero de 1944-45, localizamos restos de poblados andakí en San Isidro y Llanitos (Acebedo). Las mejores casas conservadas son las de los Llanitos, en la finca de Lorenzo Medina; son todas de forma circular y se agrupan, también en círculo, alrededor de una mayor, posiblemente la vivienda del cacique o jefe de la tribu.
Junto a estos restos de edificaciones se encuentran pedazos de piedras de moler y de batanes (batana, en AND.) y hachas de barretón (bojoco); la cerámica también está destruida en su totalidad. Todo indica el abandono sedentario para seguir el éxodo a la maraña.
De aquí que nos apartemos del informe misional de 1773 que aparece en el tomo VI de la obra documental de don Antonio B. CUERVO: ". . . no viven a son de campana, sino dispersos. . ." Los vestigios encontrados y la prueba de los monumentos líticos son suficientes para demostrar lo contrario.

Utensilios.
Hemos hallado testimonio del uso de trituradores de piedra o batanes, semejantes a los kutanga-rumi de las tribus amazónicas, con la única diferencia de que el amazónico no tiene el aditamento balanceable de piedra sino de madera, por la escasez de aquella en la región.
El batán consiste en un recipiente de piedra, vaciado en forma ovoidal, sobre el cual se opera con una media luna de piedra. Al imprimírsele un movimiento de balanceo, se obtiene el triturado de los granos que en él se coloquen. En el Caguán, fracción de Neiva, conocimos varios batanes empleados para moler cacao.
En poder de la viuda del Gobernador del Cabildo menor de Indígenas de Acebedo, Don Santiago Soto, de legítima ascendencia andakí, hallamos dos curiosas vasijas de arcilla usadas como "veneneras", es decir, como recipientes para conservar el veneno de las flechas. Tienen ellas 10 ctms. de altura y son de forma globular, incisas en su reborde y muy bien pulidas.
Usaban hachas de piedra (bojoco), de las conocidas con el nombre de barretón, para efectos agrícolas. Son perfectamente pulidas y acusan un gran adelanto en su cultura neolítica.
Para sus trabajos sobre la piedra tenían cinceles del mismo material, resistentes y de grano delgado, de forma triangular, tal como el pedazo que se encuentra en nuestro poder y que extrajimos de una piedra horadada sita en el área de la población de Acebedo, solar de la señora Clara Muñoz v. de Losada.
Por su vocabulario se conoce que poseían platos (batanaji), bateas (batana) y ollas (guajije) de diferentes clases y tipos.

Armas.
Las armas de los Andakí consistían, especialmente, en lanzas (guayojó), según las noticias de los cronistas. Según el decir de FERNANDEZ DE PIEDRAHITA, en la batalla de Pirama los españoles "a fuerza de españoles hacían maravillas en su defensa; pero siendo las lanzas contrarias tan ventajosas en número. . .", perdieron en la lucha. Y más adelante nos cuenta que hallaron a los indígenas "armados de lanzas, hondas, dardos y macanas" (3, Liv. VIII, Cap. II, Pag. 208), lo cual corrobora el dicho de fray Pedro SIMÓN cuando afirma que usaban "lanzas, dardos, macanas y hondas".
En el manejo de las lanzas debían ser sumamente hábiles como lo demuestra la siguiente exageración que sobre su longitud consigna el P. Juan de VELASCO cuando relata la destrucción de San Sebastián de la Plata: "Eran aquellas unas pesadísimas lanzas de treinta palmos, a cuyo manejo estaban acostumbrados, no los Fijaos sino los Andaquíes, por su natural robustez y por su estatura algo más de lo común".
Las lanzas y macanas eran hechas de una palma llamada chonta (Báctris superior, Bailey) posiblemente la misma macana del Caquetá. Estas tienen una fibra negra y muy resistente.
A pesar de que los cronistas no hablan de hachas guerreras (bojoco), en el Parque Arqueológico de San Agustín se conservan algunos ejemplares conjeturados como andakí.
Hemos tenido oportunidad de conocer las bodoqueras (icojó) o cerbatanas que todavía usan los descendientes mestizos de los andakí. De las dos que tenía don Santiago Soto, una mide 2.80 mts. y la otra 3 mts. Son de una palma delgada cuya medula o corazón ha sido extraído previamente; el exterior está recubierto de un barniz brillante mate, posiblemente el barniz de Pasto (Bacharia rupicola); lleva un punto de mira de hueso. En ella se introduce una delgada flecha o dardo de unos 20 ctms. de longitud con su parte anterior envuelta en algodón. Se introduce dentro del orificio del arma y se dispara por medio de una fuerte expulsión del aire pulmonar.

Agricultura.
En el informe misional de 1773, arriba citado, se habla de que "no viven a son de campana, sino dispersos en sus sementeras, o a la vista de ellas". De aquí colegimos su carácter sedentario y como tal, agrícola. El Padre CASTELLVI, en el "Esquema" a que hemos aludido, da a los pueblos de origen ístmido el ciclo constitutivo matrilinear o del uso del palo sembrador y patrilinear o del arco.
Con apoyo de los cronistas dejamos sentado el uso del arco entre los andakí; y como además en el esquema mencionado se caracteriza la economía de estos pueblos como sedentaria e intensiva del maíz, podemos suponer con bastante probabilidad que los andakí cultivaron el maíz, ya que su carácter sedentario está ampliamente comprobado.
Su cultivo básico era el maíz (Zea mayz), gramínea de la cual muchas variedades se cultivan en Colombia. Interesante sería estudiar la influencia del maíz en el desarrollo económico-cultural de América; solo el trigo del Viejo Continente puede comparársele en importancia, auncuando no alcanza a tener los usos del grano indígena: éste da alimento en forma de mazamorras y motes; da pan en bollos o envueltos y en nuestro clásico pan de maíz; de su caña se extrae un azúcar, el único conocido por los indios; y fermentado da la chicha, bebida básica en los bailes rituales y demás fiestas americanas.
También cultivaban la yuca (Manihot utilissima Pohl., en AND.: pagá), euforbiácea feculenta, factor importante en la alimentación de la América intertropical: "Satisface este almidón, intus et extra, todas las indicaciones terapéuticas, emolientes y alimenticias de las diversas sustancias feculentas". (Santiago CORTES, "Flora de Colombia", 2. ed., Bogotá, Pag. 92).
Complementaba su alimentación el plátano (musa paradisiaca, en AND., manduguaco), planta introducida del Asia antes de la Conquista, y notable por su feculencia. Para el consumo se proveían de la arracacha, (Arracachia sculenta), umbelífera, de raíces alimenticias.
Fuera de estos alimentos, empleaban diversas frutas como chontaduro (Bactris insignis, según Jacquin), la piña (Ana-nassa sápida, en AND., candejoche), la papaya (sapallajó) y el zapallo (paguachi); condimentaban sus comidas con ají (Capsicum frutencens, en AND., guajó).

Caza y pesca.
Aún podemos observar en sus descendientes el amor a la caza y a la pesca. Basta ver el vocabulario de Mutis para darnos cuenta de la cantidad de palabras que designan animales de carne apreciada y los peces más comunes:

Don Santiago Soto, ya nombrado, a principios de este siglo (XX), cazaba utilizando la bodoquera con flechas envenenadas que, según CODAZZI, "lanzan certeramente a largas distancias, alcanzando a los pájaros en las más elevadas ramas de los corpulentos árboles y derribándolos uno a uno sin que los demás echen de ver al cazador ni el destrozo que causan".
Desconocemos la forma de pescar, pero suponemos que lo hacían con arco.

(Gilberto Vargas Motta - Monografía Histórica de Acevedo - 1956,14
Fotografía panorámica de Acevedo Huila, donde se observa la plaza con su iglesia, con una torre de madera y cubierta de tejas.

LEYENDA DEL PUMA

LEYENDA DEL PUMA
Edgar Mora - Técnica: Carboncillo -
Los ingas del Alto Caquetá, los Andakí de la selva, eran consolidados médicos hechiceros, dotados de fuerzas sobrenaturales, que les permitían transformarse en tigres o pumas, a ellos se les atribuye la destrucción de la población antigua Villa de Simancas, (Actual Santa Rosa Cauca) estos indios se valieron de brujerías para transformarse en pumas y comerse la gente.

Hacia el año de 1945 y consagrada por Juan Friede en su obra “Los Andaki”, en los siguientes términos:

“Oí de chiquito a los mayores, que vinieron los indios puma y estos se comieron la Villa Simancas y la Villa de Descanse, juntada con los aucas del Andaki”.
El puma que se comió a Santa Rosa era a manera de un gallo.
Los pumas eran animales grandes que se comían cuanto lograban.
Los aucas eran indios que cazaban los cristianos y a otros indios, como se cazan animales.

LEYENDA DEL PUMA
Destrucción de las poblaciones

Mitos & Leyendas Colombianas: Los Muiscas

Presentamos el video "Mitos y Leyendas Colombianas: los Muiscas", producido por Alejandro Cabal, en el que se hace una interesante integración de mitos de Chiminigagua, Bachué, Huitaca, Chibchacum, Bochica y Chía, en un ameno trabajo de animación.

Seinijsuca 1 ATA

Es el recorrido por territorios muiscas de la sabana de Bogotá. En las montañas de los andes, los saberes estan siendo caminados: se caminan en las palabras y en aprehendizajes. Parte 1 de 3.

Seinijsuca 2 BOZA

Continuación del recorrido por territorios muiscas de Santayá (Nombre U'wa con el que se conoce a la Sabana de Bogotá). Las sabidurías de las gentes mayores acompañan este tramo.

Seiijsuca 3 HIska

Parte final de recorrido por territorios muiscas. Ritual en la Laguna de Guatavita, sitio sagrado de territorio muisca. Niñas, niños, jóvenes, gente adulta y mayor comparte saberes territoriales.

EL ULTIMO ANDAQUI

"Sin historia no hay camara"

Luis Alfredo y su hermano Yeison, investigaron por el origen del monumento que esta a la entrada de Belén de los Andaquíes. Con esta animacion ganaron el primer festival "Sin historia no hay camara"

El último Andaquí

Autor de la escultura

Escultura esculpida por el maestro Emiro Garzón, tiene una altura de 8 mts por 4,50 de ancho. Esta escultura es un homenaje a la raza Andakí; simboliza a un Andaquí que emerge de lo profundo de la tierra; sus manos son el símbolo de rebeldía que se levanta en el infinito del fondo de la tierra, brotan otras 2 manos que tratan de hundir el rostro del indigena.
Materiales: Ferroplas.
Año: 1986
Municipio Belén de Los Andaquies, Caqueta Colombia.

El Regreso del Indio

Mapa de 1795

Mapa de 1795
Mapa del partido de San Francisco Javier de la Ceja (La Ceja de los Andaquíes), entre el rio Suaza y las quebradas del Avispero y del Guache. Año de 1795

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Las tierras amazónicas fueron objeto de una colonización misionera desde el siglo XVIII, por parte de los franciscanos y jesuitas establecidos en la ciudad de Quito. Por bula papal de Benedicto XIV, de septiembre 22 de 1755, se trasladó el colegio de misiones de Quito (San Diego de Pomasqui) a la ciudad de Popayán, al colegio franciscano de Nuestra Señora de Las Gracias, que tuvo bajo su jurisdicción todo el territorio indígena del Caquetá.