Proyecto para elaborar la historia de las ideas relacionadas con los Andaquíes y sus herederos de la región del macizo colombiano y del pueblo de Acevedo Huila.

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ESPACIO INDEPENDIENTE PARA DIVULGACIÓN CULTURAL
(SIN ANIMO DE LUCRO)
AUTOR / EDITOR: Edgar Mora Cuéllar - ONUDEVECA=ACEVEDUNO

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jueves, 24 de abril de 2014

Los indios y la Historia (Por Juan Friede)

Los indios y la Historia - Por Juan Friede
(Para LECTURAS DOMINICALES) - EL TIEMPO
(Domingo 4 de Octubre de 1959)

San Agustín:
Una estatuaria y un rompecabezas para los arqueólogos

(Foto: Guillermo Angulo)
La idea de que la historia de América comenzó en 1492, es decir, en el año de su descubrimiento, es un concepto arraigado en la opinión pública, contra el que luchan, sólo con éxito parcial, muchos historiadores modernos. El gran público se niega todavía a considerar la ocupación del Continente Americano por los europeos como una etapa, apenas, de la milenaria trayectoria de los pueblos aborígenes. Lo sucedido anteriormente es para él de interés secundario: América era un desierto, cultural y económicamente, sin valor alguno para la general historia de la humanidad. Y aunque tuviese algunos valores, se sostiene, éstos han desaparecido en la ráfaga de la conquista, que produjo la discontinuidad, Interrumpió la evolución e hizo añicos lo que había anteriormente. Los elementos terrígenos precolombinos no influyeron en el desarrollo de la América postcolombina.

Tales hechos, dicen, además, no merecen nuestras lamentaciones. Es el Viejo Mundo Quien engendró los valores que por antonomasia representan; la cultura y la civilización. Sin el descubrimiento, el Continente Verde hubiera seguido al margen de la historia universal.

Este concepto, superado ya por fortuna en algunos países del continente, subsiste aún en gran parte y sigue ejerciendo una influencia nociva sobre todas las disciplinas que se ocupan del hombre americano. Produce el desprecio por el indio precolombino, a quien se señala con las palabras "bárbaro", "salvaje", "primitivo", digno, apenas, de ser estudiado como una pieza de museo; y también por el indio actual, a quien se niega su capacidad de constituirse en un miembro activo de la vida nacional.

Guiados por estos conceptos, los gobiernos tratan al indio como elemento de segundo orden, ciudadano de segunda clase, confiando que desaparezca por sí solo en el proceso de asimilación con los elementos culturales "superiores" con que está rodeado. Se considera a las comunidades indígenas como instituciones anticuadas, anacronismos que se conservaron por inercia o por la gracia de Dios, y no se estudia su extraordinaria vitalidad, que demostraron por el solo hecho de subsistir, a pesar de la lucha de exterminio que se llevó a cabo contra ellos durante más de cuatro siglos. Al indio de las selvas, indio "salvaje", se trata con indiferencia, observando desapaciblemente cómo se debate desesperadamente contra los colonos, elemento para él foráneo, que baja de los Andes para ocupar las llanuras.

El mismo criterio convierte las ciencias antropológicas en ciencias estáticas, verdaderas ciencias de recolección. Con autosuficiencia, más o menos pronunciada, se recogen ritos, costumbres y creencias, se coleccionan objetos raros y curiosos, "exóticos", contentándose con su mensura y descripción y despreocupándose del "fenómeno", del hombre americano precolombino, considerándolo —aunque a veces sin quererlo admitir— como hombre "precultural".

La nociva influencia del desprecio por el indio se observa, ante todo, en la ciencia histórica. La conquista se presenta como un hecho producido en el vacío, una gloriosa aunque a veces trágica lucha con la fiera naturaleza americana, mientras que el indio desaparece del escenario histórico, después de cortas e insignificantes escaramuzas con el invasor. Se trata a los conquistadores como héroes, superhombres, que deambulan por el vasto continente luchando contra la enmarañada selva, el hambre y el mortífero clima tropical. Si durante las épocas colonial y republicana aparece el indio, rebelándose y luchando; su lucha es la de un moribundo, sin esperanza de éxito, condenado de antemano al fracaso. Se nos presenta la historia como la de los "blancos"; el indio cobrizo no aparece en ella sino ocasionalmente.

Sin embargo, es evidente que la Colombia actual es el resultado no sólo biológico sino también cultural y económico de la convivencia de las dos grandes porciones del pueblo, indios y blancos, que dura ya casi cinco siglos. Las vicisitudes de esta convivencia, es decir, la verdadera historia patria, no puede ser verídica mientras siga siendo unilateral. Si los historiadores antiguos, v. g., los cronistas coloniales, se despreocupaban de la historia indígena, ofreciéndonos sobre ella apenas indicios y tan sólo cuando lo exigía la exposición de la historia "blanca", nosotros, con el enorme material histórico que tenemos a nuestra disposición en los archivos coloniales, no podemos pasar por alto el importante papel que jugó el indio en la formación de la nacionalidad.

Sería largo y fuera del marco de un articulo como el presente, dar una idea, siquiera, de los extraordinarios datos que se conservaron en los archivos y que, al complementar nuestros conocimientos, permitirían escribir la verdadera historia del pueblo colombiano. El indio no Jugó en ella un papel pasivo como generalmente se cree. La trágica lucha de la madera contra el acero, de la piedra contra las balas, de las rodelas de cuero o de corteza de árboles contra las corazas, de frágiles canoas contra navíos armados, de tácticas militares superiores contra bandas primitivas de guerreros, presenta muchas vicisitudes, desconocidas por la historia oficial, que vale la pena de estudiar. La oposición constante de las tribus que habitaban las costas del Mar Caribe contra la invasión de sus tierras y la imposición de una cultura que no era la suya, la revolución de los quimbayas, los levantamientos de los pijaos, de los chibchas, de los páez, etc., son páginas de la historia colombiana que aún esperan su investigador. Desconocido es también en el aporte del elemento indio al buen éxito de las propias expediciones conquistadoras; los miles de guías e intérpretes que, de buen o mal grado, proporcionaron los indios al invasor; las largas caravanas de cargadores indígenas que acompañaban forzosamente la tropa, llevándoles sus armas y mantenimientos; las legiones indígenas "de choque", que los españoles enviaban hacia lugares peligrosos, para que, como "carne de cañón" —que eran flechas, piedras y dardos— allanasen el camino para las victoriosas tropas de los invasores.

Nada nos dice la historia del proceso de la desaparición de las tribus "salvajes", de sus causas y métodos de resistencia; ni de la encarnizada lucha por la existencia que sostenían las tribus andinas, sedentarias o semisedentarias, durante las épocas colonial y republicana.

Aún menos estudiada es su organización política y económica. No se investigó su intenso comercio con sal, marítima y minera, con mantas de algodón, oro en polvo, pescado seco, maíz, etc. No se estudiaron sus vías de comunicación que formaron la base para la posterior red de caminos. ¿Quién podría sospechar que las tribus de las orillas del Magdalena conocían una moneda convencional, en forma de pepas, que en sí no tenían valor alguno, salvo su rareza? O que los indios de la costa tuviesen una moneda que corría desde Santa Marta hasta la desembocadura del Orinoco, en forma de pequeñísimas conchas del tamaño de una cabeza de alfiler, ensartadas en collares, que los españoles tuvieron que comprar con su oro para poder negociar con los indios? Costaba un collar, largo de un palmo, 4 reales de plata a 28 maravedíes.

El concepto que tenemos de la historia americana como una historia "blanca", es un concepto erróneo. Más influyeron en la formación de la nacionalidad las relaciones, hostiles o amistosas, entre los dos grupos básicos de la población americana, indios y blancos, que los cambios de virreyes, presidentes, gobernadores y alcaldes. —


JUAN FRIEDE.
Bogotá, septiembre de 1959.
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Fotografía panorámica de Acevedo Huila, donde se observa la plaza con su iglesia, con una torre de madera y cubierta de tejas.

LEYENDA DEL PUMA

LEYENDA DEL PUMA
Edgar Mora - Técnica: Carboncillo -
Los ingas del Alto Caquetá, los Andakí de la selva, eran consolidados médicos hechiceros, dotados de fuerzas sobrenaturales, que les permitían transformarse en tigres o pumas, a ellos se les atribuye la destrucción de la población antigua Villa de Simancas, (Actual Santa Rosa Cauca) estos indios se valieron de brujerías para transformarse en pumas y comerse la gente.

Hacia el año de 1945 y consagrada por Juan Friede en su obra “Los Andaki”, en los siguientes términos:

“Oí de chiquito a los mayores, que vinieron los indios puma y estos se comieron la Villa Simancas y la Villa de Descanse, juntada con los aucas del Andaki”.
El puma que se comió a Santa Rosa era a manera de un gallo.
Los pumas eran animales grandes que se comían cuanto lograban.
Los aucas eran indios que cazaban los cristianos y a otros indios, como se cazan animales.

LEYENDA DEL PUMA
Destrucción de las poblaciones

Mitos & Leyendas Colombianas: Los Muiscas

Presentamos el video "Mitos y Leyendas Colombianas: los Muiscas", producido por Alejandro Cabal, en el que se hace una interesante integración de mitos de Chiminigagua, Bachué, Huitaca, Chibchacum, Bochica y Chía, en un ameno trabajo de animación.

Seinijsuca 1 ATA

Es el recorrido por territorios muiscas de la sabana de Bogotá. En las montañas de los andes, los saberes estan siendo caminados: se caminan en las palabras y en aprehendizajes. Parte 1 de 3.

Seinijsuca 2 BOZA

Continuación del recorrido por territorios muiscas de Santayá (Nombre U'wa con el que se conoce a la Sabana de Bogotá). Las sabidurías de las gentes mayores acompañan este tramo.

Seiijsuca 3 HIska

Parte final de recorrido por territorios muiscas. Ritual en la Laguna de Guatavita, sitio sagrado de territorio muisca. Niñas, niños, jóvenes, gente adulta y mayor comparte saberes territoriales.

EL ULTIMO ANDAQUI

"Sin historia no hay camara"

Luis Alfredo y su hermano Yeison, investigaron por el origen del monumento que esta a la entrada de Belén de los Andaquíes. Con esta animacion ganaron el primer festival "Sin historia no hay camara"

El último Andaquí

Autor de la escultura

Escultura esculpida por el maestro Emiro Garzón, tiene una altura de 8 mts por 4,50 de ancho. Esta escultura es un homenaje a la raza Andakí; simboliza a un Andaquí que emerge de lo profundo de la tierra; sus manos son el símbolo de rebeldía que se levanta en el infinito del fondo de la tierra, brotan otras 2 manos que tratan de hundir el rostro del indigena.
Materiales: Ferroplas.
Año: 1986
Municipio Belén de Los Andaquies, Caqueta Colombia.

El Regreso del Indio

Mapa de 1795

Mapa de 1795
Mapa del partido de San Francisco Javier de la Ceja (La Ceja de los Andaquíes), entre el rio Suaza y las quebradas del Avispero y del Guache. Año de 1795

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Las tierras amazónicas fueron objeto de una colonización misionera desde el siglo XVIII, por parte de los franciscanos y jesuitas establecidos en la ciudad de Quito. Por bula papal de Benedicto XIV, de septiembre 22 de 1755, se trasladó el colegio de misiones de Quito (San Diego de Pomasqui) a la ciudad de Popayán, al colegio franciscano de Nuestra Señora de Las Gracias, que tuvo bajo su jurisdicción todo el territorio indígena del Caquetá.