Proyecto para elaborar la historia de las ideas relacionadas con los Andaquíes y sus herederos de la región del macizo colombiano y del pueblo de Acevedo Huila.

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ESPACIO INDEPENDIENTE PARA DIVULGACIÓN CULTURAL
(SIN ANIMO DE LUCRO)
AUTOR / EDITOR: Edgar Mora Cuéllar - ONUDEVECA=ACEVEDUNO

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lunes, 11 de agosto de 2008

El territorio de los Andaquíes



El Área de influencia Andaquí la delimitan los municipios de Pitalito, Palestina, Acevedo y San Agustín, así como sus límites con los municipios de Timaná e Isnos y sus sectores de frontera y vecindad con los actuales departamentos del Caquetá, Cauca y Putumayo.

El paisaje de esta región lo nutre en muchos aspectos el Río Magdalena, que en los primeros doscientos kilómetros de recorrido desciende desde una altitud de 3.600 metros hasta 470 sobre el nivel del mar conformando su cauce con muchos riachuelos y quebradas y con afluentes de gran caudal como los ríos Suaza, Páez, y la Plata. Una variedad de rápidos y caídas, como grandes caudales con frecuentes gargantas de variedad de raudales, son accidentes geográficos típicos de la zona hidrográfica de la parte alta del Alto Magdalena.

Algunos factores importantes en la consideración de este escenario son: el río Magdalena y sus tributarios, los orígenes de sus poblaciones ancestrales, su historia común en distintas situaciones de la vida de la región del Sur del Huila y sus fluidas comunicaciones desde las épocas precolombinas, como lo constata la red de caminos en uso antes de la llegada de los españoles, los cuales se mantuvieron merced a su transformación como vías de la conquista, como caminos reales luego, y/o como rutas republicanas, siendo en buena parte la referencia para las actuales vías. (“El corredor y sus Gentes” Beatriz M. Gómez - PCB. Junio/05)

EL CAMINO DE LAS MARAVILLAS DE LA NATURALEZA

Un camino importante fue el de los misioneros franciscanos que se dirigieron de Timaná hacia el oriente, por el valle del río Suaza al territorio de los andaquíes, en los llanos del río Orteguaza y de allí hacia el gran Caquetá.

Las tierras amazónicas fueron objeto de una colonización misionera desde el siglo XVIII, por parte de los franciscanos y jesuitas establecidos en la ciudad de Quito. Por bula papal de Benedicto XIV, de septiembre 22 de 1755, se trasladó el colegio de misiones de Quito (San Diego de Pomasqui) a la ciudad de Popayán, al colegio franciscano de Nuestra Señora de Las Gracias, que tuvo bajo su jurisdicción todo el territorio indígena del Caquetá.

Ya para el siglo XVIII el territorio del Alto Magdalena logró una estabilidad colonial, con ciudades, villas, pueblos de indios y mestizos, resguardos, haciendas y encomiendas. Por los caminos circularon continuamente indios cargueros, recuas de mulas cargadas de productos, ganado vacuno, cerdos y otras mercancías entre las ciudades de Popayán, Neiva, Timaná, Ibagué, Honda y Santafé de Bogotá.

Sobre los caminos principales existen algunas noticias; del camino de Guanacas hay una buena descripción hecha en 1725 por el maestre de Campo Don Juan Vargas Figueroa, gobernador de las provincias de Neiva, Saldaña, Timaná y La Plata, en el informe dirigido al rey de España. (Caminos Reales de Colombia - Héctor Llanos)

«Y así mismo, informa de la que conviene a la causa pública, trato, comunicación, tráfago de los comerciantes de la carrera de Quito, Popayán y Santafé con el Perú, ferias de Cartagena, el que tuviese efecto la abertura del camino que era el que se traficaba y usaba desde La Plata Vieja que se destruyó más ha de ciento ochenta años por falta de cuyas mejorías y noticias se abrió y solicitó el que se anda, que llaman de Guanacas por lo sumamente malo y arriesgado, así por las vidas como para las haciendas por haber de pasar montañas que solo la necesidad puede tolerar, que fueran impasables o no haber industriado empalaizadas con empedradas que se recorre continuamente con mucha trabajo y costos, porque en faltando o pudriéndose los palos se hace intratable e impasable a más de dicho páramo donde cogiendo a los pasajeros, recuas de mulas y arrieros temporales mueren y ha muerto mucha gente, indios, esclavos, mulas, ganados, lo que es tan común como lo manifiesta la experiencia, como también las grandes pérdidas que se han ofrecido a los mercaderes y comerciantes, en particular en las laderas del río Páez, camino de longitud y solo el ámbito de media vara, o las mulas cargadas, o por la corta distancia de dicho camino se han despeñado al dicho río Páez cargas de ropa, de plata, de oro. . . » (en González, 1977:82).

Localización.
Al iniciarse la conquista española los Andakí ocupaban la extensa región del Sur del Departamento del Huila, del área folklórica huilense-caqueteña. Se hallaban enmarcados entre los dos brazos de las cordilleras Oriental y Central; por medio de su territorio corren los ríos Magdalena y Suaza, como principales; al norte, cerca a La Plata y Garzón, lindaban con los Pijao o Pinao, de familia lingüística KARIB.
Los cronistas no nos hablan de su localización; sin embargo, dadas sus características, parece que a ellos hace referencia el Obispo LUCAS FERNANDEZ DE PIEDRAHITA en la parte que transcribimos: "Pero entre todas las naciones de que vamos tratando, la que más se ha señalado en valor y fortaleza no solamente en el Nuevo Reino pero en todas las Indias, por la ventaja que ha hecho a las más guerreras, son los Pijaos, sin más diferencia de los Coyaimas y Natagaimas que habitan éstos en los Llanos de Neiva y aquéllos (los andaquies) en las sierras que confinan con las provincias de Popayán". (3. Liv. I., Cap. II, Págs. 8 y 9). La parte que subrayamos explica nuestra interpretación.

Medio geográfico.
La región que acabamos de delinear, que para nuestro estudio seguiremos llamando región andakí, comprende un territorio de unos 7.000 kilómetros cuadrados de superficie; la temperatura de la generalidad es media, siendo pocos los lugares cálidos, lo mismo que los frígidos.
Encuéntranse en la extensión andakí tres valles principales: el del Magdalena que se extiende estrecho hasta Garzón; el del Suaza en toda su extensión hasta su desembocadura en la Jagua; y el del río Cambís o de la Plata, limitando en la parte alta por la Serranía de las Minas y la quebrada de Chilicambe.
Además de las cordilleras citadas, modifican la orografía del área andakí la Serranía de la Ceja, las montañas de Isnos y la Sierra de las Minas; el nudo de Garzón constituía el límite NE.
Los terrenos son en general de extraordinaria feracidad y ricos en productos naturales apropiados a su altura y clima.
Las estribaciones de la Central tienen algunos yacimientos auríferos, conocidos de los andakí, que no de los primitivos habitantes llamados hoy con el nombre de pueblo agustiniano, diferente del andakí. En la banda oriental explotaron hasta bien entrada la Colonia una mina de sal (mandisi, en lengua andakí) en la cumbre de la cordillera, en la depresión de la Ceja, según informes que nos ha suministrado el misionero Fray Jacinto M. de QUITO y que nosotros tenemos recogidos en una tradición oral.

Origen.
Dado el estudio que de la lengua ANDAKÍ hace el eminente americanista profesor Paul Rivet, se puede considerar la nación Andakí como perteneciente a la raza ítsmida, última de las cinco que llegaron a Colombia, posiblemente alrededor del año 700. Corresponde este grupo étnico a la última migración americana y se relaciona lingüísticamente con varios dialectos de Norte y Centro América. (Sobre el particular véase el "Esquema Moderno de los pueblos prehistóricos e históricos de Colombia, grupo V, por el Padre Marcelino de CASTELLVI, Revista Amazonia Colombiana Americanista, tomo III, Nros. 9 y 10, Pag. 54).

Tipo físico.
Sobre los Andakí es muy poco lo que se puede decir: 1- Porque los cronistas no anotan nada sobre ellos; 2- Porque el gentilicio Andakí solo aparece por primera vez, hasta donde estamos informados, en un documento del Cabildo de la Villa de Timaná, fechado en 28 de enero de 1637; y 3- Porque en los tiempos modernos no se han localizado grupos andakí que permitan tomar las medidas serológicas y antropométricas, indispensables para la clasificación bioantropológica.

Empero, si aceptamos la etnía chibcha, los podemos considerar como de tipo marcado mogólico, tal como lo podemos observar en algunos mestizos descendientes de los andakí, en Acebedo, antiguo San Francisco Javier de la Ceja de Andakíes. Así los describimos de mediana estatura, robustos de pecho, cara y narices anchas, pómulos salientes, ojos un tanto oblicuos, con predominio de la braquicefalia.

Vestidos y adornos.
Conocedores del algodón (guaguana), es probable que usaran vestidos de manta tejida, o al menos tapasexos del mismo material. La observación de CODAZZI, que publicamos en la parte que corresponde según la cronología, en la que anota su completa desnudez no la aceptamos para el período prehistórico por tres razones:
1° - Porque el clima más o menos frío bien pudo moverlos a vestirse;
2° - Porque todo hace pensar que este pueblo sedentario, al emigrar a la selva por la presión de los blancos, perdió sus hábitos culturales, además de que lo ardiente del medio ambiente no los obligaba a cubrirse; y
3°- Porque en su lengua se encuentran las palabras guaguana, algodón, guaguajafí, hilo de algodón, lo que hace presumir, analizando el sufijo, que lo conocían y elaboraban. Nuestro aserto lo podemos verificar al examinar los monumentos que descubrimos en Acebedo y Suaza.
En nuestras investigaciones en Acebedo encontramos en la fracción de San Antonio una piedra finamente pulida, de color verde y amarillo con un orificio en la parte media superior. Esta aparece como un objeto de adorno, seguramente parte de un collar, pues gustaban de las chaquiras, (fianasari).
Además de estos collares usaron para sus festividades coronas de plumas de colores, como lo anota el ya citado CODAZZI, pintándose además con achiote (bixa Orellana L.) o son semillas de achira (canna edulis. Ker.) de la que extraían color rojo, y completando el maquillaje con pintura vegetal negra.
Perforábanse las orejas y colocaban tallos de junco con plumas en el orificio. Fuera de esto usaban cintillos y collares con dientes de animales, generalmente trofeos de guerra o caza.

Habitación.
Durante nuestras investigaciones mencionadas, en diciembre y enero de 1944-45, localizamos restos de poblados andakí en San Isidro y Llanitos (Acebedo). Las mejores casas conservadas son las de los Llanitos, en la finca de Lorenzo Medina; son todas de forma circular y se agrupan, también en círculo, alrededor de una mayor, posiblemente la vivienda del cacique o jefe de la tribu.
Junto a estos restos de edificaciones se encuentran pedazos de piedras de moler y de batanes (batana, en AND.) y hachas de barretón (bojoco); la cerámica también está destruida en su totalidad. Todo indica el abandono sedentario para seguir el éxodo a la maraña.
De aquí que nos apartemos del informe misional de 1773 que aparece en el tomo VI de la obra documental de don Antonio B. CUERVO: ". . . no viven a son de campana, sino dispersos. . ." Los vestigios encontrados y la prueba de los monumentos líticos son suficientes para demostrar lo contrario.

Utensilios.
Hemos hallado testimonio del uso de trituradores de piedra o batanes, semejantes a los kutanga-rumi de las tribus amazónicas, con la única diferencia de que el amazónico no tiene el aditamento balanceable de piedra sino de madera, por la escasez de aquella en la región.
El batán consiste en un recipiente de piedra, vaciado en forma ovoidal, sobre el cual se opera con una media luna de piedra. Al imprimírsele un movimiento de balanceo, se obtiene el triturado de los granos que en él se coloquen. En el Caguán, fracción de Neiva, conocimos varios batanes empleados para moler cacao.
En poder de la viuda del Gobernador del Cabildo menor de Indígenas de Acebedo, Don Santiago Soto, de legítima ascendencia andakí, hallamos dos curiosas vasijas de arcilla usadas como "veneneras", es decir, como recipientes para conservar el veneno de las flechas. Tienen ellas 10 ctms. de altura y son de forma globular, incisas en su reborde y muy bien pulidas.
Usaban hachas de piedra (bojoco), de las conocidas con el nombre de barretón, para efectos agrícolas. Son perfectamente pulidas y acusan un gran adelanto en su cultura neolítica.
Para sus trabajos sobre la piedra tenían cinceles del mismo material, resistentes y de grano delgado, de forma triangular, tal como el pedazo que se encuentra en nuestro poder y que extrajimos de una piedra horadada sita en el área de la población de Acebedo, solar de la señora Clara Muñoz v. de Losada.
Por su vocabulario se conoce que poseían platos (batanaji), bateas (batana) y ollas (guajije) de diferentes clases y tipos.

Armas.
Las armas de los Andakí consistían, especialmente, en lanzas (guayojó), según las noticias de los cronistas. Según el decir de FERNANDEZ DE PIEDRAHITA, en la batalla de Pirama los españoles "a fuerza de españoles hacían maravillas en su defensa; pero siendo las lanzas contrarias tan ventajosas en número. . .", perdieron en la lucha. Y más adelante nos cuenta que hallaron a los indígenas "armados de lanzas, hondas, dardos y macanas" (3, Liv. VIII, Cap. II, Pag. 208), lo cual corrobora el dicho de fray Pedro SIMÓN cuando afirma que usaban "lanzas, dardos, macanas y hondas".
En el manejo de las lanzas debían ser sumamente hábiles como lo demuestra la siguiente exageración que sobre su longitud consigna el P. Juan de VELASCO cuando relata la destrucción de San Sebastián de la Plata: "Eran aquellas unas pesadísimas lanzas de treinta palmos, a cuyo manejo estaban acostumbrados, no los Fijaos sino los Andaquíes, por su natural robustez y por su estatura algo más de lo común".
Las lanzas y macanas eran hechas de una palma llamada chonta (Báctris superior, Bailey) posiblemente la misma macana del Caquetá. Estas tienen una fibra negra y muy resistente.
A pesar de que los cronistas no hablan de hachas guerreras (bojoco), en el Parque Arqueológico de San Agustín se conservan algunos ejemplares conjeturados como andakí.
Hemos tenido oportunidad de conocer las bodoqueras (icojó) o cerbatanas que todavía usan los descendientes mestizos de los andakí. De las dos que tenía don Santiago Soto, una mide 2.80 mts. y la otra 3 mts. Son de una palma delgada cuya medula o corazón ha sido extraído previamente; el exterior está recubierto de un barniz brillante mate, posiblemente el barniz de Pasto (Bacharia rupicola); lleva un punto de mira de hueso. En ella se introduce una delgada flecha o dardo de unos 20 ctms. de longitud con su parte anterior envuelta en algodón. Se introduce dentro del orificio del arma y se dispara por medio de una fuerte expulsión del aire pulmonar.

Agricultura.
En el informe misional de 1773, arriba citado, se habla de que "no viven a son de campana, sino dispersos en sus sementeras, o a la vista de ellas". De aquí colegimos su carácter sedentario y como tal, agrícola. El Padre CASTELLVI, en el "Esquema" a que hemos aludido, da a los pueblos de origen ístmido el ciclo constitutivo matrilinear o del uso del palo sembrador y patrilinear o del arco.
Con apoyo de los cronistas dejamos sentado el uso del arco entre los andakí; y como además en el esquema mencionado se caracteriza la economía de estos pueblos como sedentaria e intensiva del maíz, podemos suponer con bastante probabilidad que los andakí cultivaron el maíz, ya que su carácter sedentario está ampliamente comprobado.
Su cultivo básico era el maíz (Zea mayz), gramínea de la cual muchas variedades se cultivan en Colombia. Interesante sería estudiar la influencia del maíz en el desarrollo económico-cultural de América; solo el trigo del Viejo Continente puede comparársele en importancia, auncuando no alcanza a tener los usos del grano indígena: éste da alimento en forma de mazamorras y motes; da pan en bollos o envueltos y en nuestro clásico pan de maíz; de su caña se extrae un azúcar, el único conocido por los indios; y fermentado da la chicha, bebida básica en los bailes rituales y demás fiestas americanas.
También cultivaban la yuca (Manihot utilissima Pohl., en AND.: pagá), euforbiácea feculenta, factor importante en la alimentación de la América intertropical: "Satisface este almidón, intus et extra, todas las indicaciones terapéuticas, emolientes y alimenticias de las diversas sustancias feculentas". (Santiago CORTES, "Flora de Colombia", 2. ed., Bogotá, Pag. 92).
Complementaba su alimentación el plátano (musa paradisiaca, en AND., manduguaco), planta introducida del Asia antes de la Conquista, y notable por su feculencia. Para el consumo se proveían de la arracacha, (Arracachia sculenta), umbelífera, de raíces alimenticias.
Fuera de estos alimentos, empleaban diversas frutas como chontaduro (Bactris insignis, según Jacquin), la piña (Ana-nassa sápida, en AND., candejoche), la papaya (sapallajó) y el zapallo (paguachi); condimentaban sus comidas con ají (Capsicum frutencens, en AND., guajó).

Caza y pesca.
Aún podemos observar en sus descendientes el amor a la caza y a la pesca. Basta ver el vocabulario de Mutis para darnos cuenta de la cantidad de palabras que designan animales de carne apreciada y los peces más comunes:

Don Santiago Soto, ya nombrado, a principios de este siglo (XX), cazaba utilizando la bodoquera con flechas envenenadas que, según CODAZZI, "lanzan certeramente a largas distancias, alcanzando a los pájaros en las más elevadas ramas de los corpulentos árboles y derribándolos uno a uno sin que los demás echen de ver al cazador ni el destrozo que causan".
Desconocemos la forma de pescar, pero suponemos que lo hacían con arco.

(Gilberto Vargas Motta - Monografía Histórica de Acevedo - 1956,14

1 comentario:

Cristhian David Torres Cardona dijo...

necesito saber el concepto de familia para los andaquies

Fotografía panorámica de Acevedo Huila, donde se observa la plaza con su iglesia, con una torre de madera y cubierta de tejas.

LEYENDA DEL PUMA

LEYENDA DEL PUMA
Edgar Mora - Técnica: Carboncillo -
Los ingas del Alto Caquetá, los Andakí de la selva, eran consolidados médicos hechiceros, dotados de fuerzas sobrenaturales, que les permitían transformarse en tigres o pumas, a ellos se les atribuye la destrucción de la población antigua Villa de Simancas, (Actual Santa Rosa Cauca) estos indios se valieron de brujerías para transformarse en pumas y comerse la gente.

Hacia el año de 1945 y consagrada por Juan Friede en su obra “Los Andaki”, en los siguientes términos:

“Oí de chiquito a los mayores, que vinieron los indios puma y estos se comieron la Villa Simancas y la Villa de Descanse, juntada con los aucas del Andaki”.
El puma que se comió a Santa Rosa era a manera de un gallo.
Los pumas eran animales grandes que se comían cuanto lograban.
Los aucas eran indios que cazaban los cristianos y a otros indios, como se cazan animales.

LEYENDA DEL PUMA
Destrucción de las poblaciones

Mitos & Leyendas Colombianas: Los Muiscas

Presentamos el video "Mitos y Leyendas Colombianas: los Muiscas", producido por Alejandro Cabal, en el que se hace una interesante integración de mitos de Chiminigagua, Bachué, Huitaca, Chibchacum, Bochica y Chía, en un ameno trabajo de animación.

Seinijsuca 1 ATA

Es el recorrido por territorios muiscas de la sabana de Bogotá. En las montañas de los andes, los saberes estan siendo caminados: se caminan en las palabras y en aprehendizajes. Parte 1 de 3.
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Seinijsuca 2 BOZA

Continuación del recorrido por territorios muiscas de Santayá (Nombre U'wa con el que se conoce a la Sabana de Bogotá). Las sabidurías de las gentes mayores acompañan este tramo.
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Seiijsuca 3 HIska

Parte final de recorrido por territorios muiscas. Ritual en la Laguna de Guatavita, sitio sagrado de territorio muisca. Niñas, niños, jóvenes, gente adulta y mayor comparte saberes territoriales.
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EL ULTIMO ANDAQUI

"Sin historia no hay camara"

Luis Alfredo y su hermano Yeison, investigaron por el origen del monumento que esta a la entrada de Belén de los Andaquíes. Con esta animacion ganaron el primer festival "Sin historia no hay camara"

El último Andaquí

Autor de la escultura

Escultura esculpida por el maestro Emiro Garzón, tiene una altura de 8 mts por 4,50 de ancho. Esta escultura es un homenaje a la raza Andakí; simboliza a un Andaquí que emerge de lo profundo de la tierra; sus manos son el símbolo de rebeldía que se levanta en el infinito del fondo de la tierra, brotan otras 2 manos que tratan de hundir el rostro del indigena.
Materiales: Ferroplas.
Año: 1986
Municipio Belén de Los Andaquies, Caqueta Colombia.

El Regreso del Indio

Mapa de 1795

Mapa de 1795
Mapa del partido de San Francisco Javier de la Ceja (La Ceja de los Andaquíes), entre el rio Suaza y las quebradas del Avispero y del Guache. Año de 1795

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Las tierras amazónicas fueron objeto de una colonización misionera desde el siglo XVIII, por parte de los franciscanos y jesuitas establecidos en la ciudad de Quito. Por bula papal de Benedicto XIV, de septiembre 22 de 1755, se trasladó el colegio de misiones de Quito (San Diego de Pomasqui) a la ciudad de Popayán, al colegio franciscano de Nuestra Señora de Las Gracias, que tuvo bajo su jurisdicción todo el territorio indígena del Caquetá.